Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
Camino distraído,
levantando el polvo del camino.
Mis sandalias de esparto,
hablan de mi origen, de mis callos.
Del amor a la tierra
y a mi caballo.
El conoce la vereda
que me conduce a tu vera.
Y cuando le digo vuela,
galopa alado por la orilla
de una mar profunda, azul y serena.
Me lleva a la cabaña de pescadores,
la más pequeña.
Aquella cuya niña madre,
a mí me habla y respeta.
Y me dice que me quiere tanto
que enloquece mi entendimiento
con su presencia.
Ya no necesito zapatos,
para volar tras ella.
Princesa de mi ilusión,
y nuestro caballo,
guardián de nuestros encuentros.
Donde los besos
pintan de flores tu piel morena.
El mar en calma
refleja luceros.
Y en mis ojos los tuyos,
cerezas de labios
y rosas de canela chispean sobre la arena
levantando el polvo del camino.
Mis sandalias de esparto,
hablan de mi origen, de mis callos.
Del amor a la tierra
y a mi caballo.
El conoce la vereda
que me conduce a tu vera.
Y cuando le digo vuela,
galopa alado por la orilla
de una mar profunda, azul y serena.
Me lleva a la cabaña de pescadores,
la más pequeña.
Aquella cuya niña madre,
a mí me habla y respeta.
Y me dice que me quiere tanto
que enloquece mi entendimiento
con su presencia.
Ya no necesito zapatos,
para volar tras ella.
Princesa de mi ilusión,
y nuestro caballo,
guardián de nuestros encuentros.
Donde los besos
pintan de flores tu piel morena.
El mar en calma
refleja luceros.
Y en mis ojos los tuyos,
cerezas de labios
y rosas de canela chispean sobre la arena