mikelo
Poeta adicto al portal
Descansa en paz
Añoras lugares de origen remoto que embargan tus sensaciones. No lograrás retornar en cuerpo, pero tu sangre viajera en el tiempo, de nuevo, anclará en ellos. Tomará la forma a través de la materia compartida.
La pupila, cambiante con la posición de un solitario sol, retendrá la niebla lechosa y el verde oscuro de la campiña, fundiéndose, en eterno beso con la mar gris.
Los sonidos ancestrales fluirán de las profundidades de la garganta portadora, formando el melódico canto que deberá mantenerse suspendido, para aquellos que deseen ser obsequiados.
La música del viento rasgando las cuerdas del recuerdo, impregnará el aire, acompañando con su dulzor y melancolía el alma descubierta y, participativa.
Los pies desnudos, danzarán siguiendo los pasos de la Calzada de los Gigantes, hasta el balcón del soberbio acantilado, donde izados con el ronco arrullo de la gran ola, quedarán posados, a la espera.
Las manos se dejaran al calor de otras manos llegadas y, enlazadas, conformaran las alas que, acompañaran por siempre, el vuelo de tu estirpe.
Ahora soñador, entorna los párpados, por siempre Sueña y, sonríe en paz a la luz, pues la semilla ha brotado.
Añoras lugares de origen remoto que embargan tus sensaciones. No lograrás retornar en cuerpo, pero tu sangre viajera en el tiempo, de nuevo, anclará en ellos. Tomará la forma a través de la materia compartida.
La pupila, cambiante con la posición de un solitario sol, retendrá la niebla lechosa y el verde oscuro de la campiña, fundiéndose, en eterno beso con la mar gris.
Los sonidos ancestrales fluirán de las profundidades de la garganta portadora, formando el melódico canto que deberá mantenerse suspendido, para aquellos que deseen ser obsequiados.
La música del viento rasgando las cuerdas del recuerdo, impregnará el aire, acompañando con su dulzor y melancolía el alma descubierta y, participativa.
Los pies desnudos, danzarán siguiendo los pasos de la Calzada de los Gigantes, hasta el balcón del soberbio acantilado, donde izados con el ronco arrullo de la gran ola, quedarán posados, a la espera.
Las manos se dejaran al calor de otras manos llegadas y, enlazadas, conformaran las alas que, acompañaran por siempre, el vuelo de tu estirpe.
Ahora soñador, entorna los párpados, por siempre Sueña y, sonríe en paz a la luz, pues la semilla ha brotado.