Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tu corazón, niño de pecho en la escala musical,
cabía en mi oreja, pero nunca en mi mano.
Aprisionar jilgueros con estatura rutilante no es
mi oficio; solo tengo un golpe apretado en el puño
para derribar la cerca que detiene al prado, para abrir
la esclusa y liberar al tiempo de sus relojes carceleros.
Extravié mis ojos de desvestirte del frío
al entrar en esa lentitud furiosa de quemarse.
No sé en qué guantes olvidé mis dedos, las huellas
que te nublaban para que llovieras por la tarde
hasta escampar tu rostro y beberte
de los charcos. La memoria me ha perdido.
No te dije Quédate, porque en este sitio
nada es permanencia, nada me corrige de ser nadie,
no estoy en mis gestos, yo me habito a distancia.
Te olvidé hace mucho, tanto que aún ni te conocía.
Ahora todo es lo de antes: a cada momento estás
por aparecer, siempre estoy a punto de encontrarte.
cabía en mi oreja, pero nunca en mi mano.
Aprisionar jilgueros con estatura rutilante no es
mi oficio; solo tengo un golpe apretado en el puño
para derribar la cerca que detiene al prado, para abrir
la esclusa y liberar al tiempo de sus relojes carceleros.
Extravié mis ojos de desvestirte del frío
al entrar en esa lentitud furiosa de quemarse.
No sé en qué guantes olvidé mis dedos, las huellas
que te nublaban para que llovieras por la tarde
hasta escampar tu rostro y beberte
de los charcos. La memoria me ha perdido.
No te dije Quédate, porque en este sitio
nada es permanencia, nada me corrige de ser nadie,
no estoy en mis gestos, yo me habito a distancia.
Te olvidé hace mucho, tanto que aún ni te conocía.
Ahora todo es lo de antes: a cada momento estás
por aparecer, siempre estoy a punto de encontrarte.
28 de febrero de 2022