Silencio
Poeta recién llegado
El descontento.
Una palabra que resume muchos aspectos de la vida, en general, sin sujeto definido.
Muchas veces, en numerosos momentos, irradiamos malestar, nerviosismo, inestabilidad.
Somos presas fáciles para la rabia y la violencia.
Vagamos por un mundo poblado de malas intenciones, neuróticos aburridos, histeria colectiva y negatividad.
Te levantas una mañana, crees que puede ser tu día, que estás bien, feliz, y de pronto un grito acusador, una palabra fuera de tono, te pone en órbita y sueñas casi de forma irremediable, contruirte un ovni y viajar al espacio (que cada uno viaje al espacio como quiera).
Porque, la verdad, a veces dan ganas de plantarse con las manos en jarras y enseñar los dientes, gruñiendo y saltando como una fiera incontrolable, liarse a guantazos con el prójimo y huir al Caribe o a cualquier otro país que te quede lo suficientemente lejos y a vivir que son dos días.
Y no me vengáis con cuentos de esfuerzo, moral, responsabilidad y polladas parecidas porque somos muchos los que intentamos ser buenos con los demás, que pringamos por cosas que no hemos hecho y aguantamos la mierda del de al lado, somos muchos los que nos quedamos calladitos y en nuestro sitio, poniendo esa otra mejilla de la que habla la moral cristiana, y miradnos, seguimos en el mismo puñetero sitio...
Sé que nadie está contento con lo que tiene, nadie está totalmente pleno y el que dice que lo está, miente.
Como humanos, como seres supuestamente racionales, nacemos con la lágrima pegada al ojo, y por fuerte, duro o machote que quieras ser, acabas pataleando a la primera de cambio, y no importa si te consuelan o no, si tienes amigos o no, si estás casado o soltero, con hijos o sin ellos, pobre o rico, todos acabamos llorando.
Somos una especie tan frágil y tan autodestructiva...nunca he visto a una flor lloriquear porque vive en un balcón con vistas a ninguna parte, sin un futuro mejor.
Avariciosos y ambiciosos, incluso el más humilde de los humanos siente que le falta algo...
Y es que no tenemos remedio. No hay pastillas azules ni cápsulas criogénicas, ni naves espaciales, ni lavados intensivos de cerebro. Un mundo feliz soñaba Huxley, un superhombre clamaba Nietzsche, una raza pura gritaba Hitler... ¡Iros todos al carajo! Digo yo.
No tenemos remedio, no señor. Unos por buenos, otros por malos, unos por luchadores y otros por vagos, la humanidad es un incompleto desastre.
Y teoriza todo lo que quieras, trabaja, ríe, folla, que da igual, nunca lo tendrás todo porque, queridos semejantes, he llegado a una conclusión: no somos humanos, somos insatisfechos crónicos.
Atentamente,
El cinismo.
Una palabra que resume muchos aspectos de la vida, en general, sin sujeto definido.
Muchas veces, en numerosos momentos, irradiamos malestar, nerviosismo, inestabilidad.
Somos presas fáciles para la rabia y la violencia.
Vagamos por un mundo poblado de malas intenciones, neuróticos aburridos, histeria colectiva y negatividad.
Te levantas una mañana, crees que puede ser tu día, que estás bien, feliz, y de pronto un grito acusador, una palabra fuera de tono, te pone en órbita y sueñas casi de forma irremediable, contruirte un ovni y viajar al espacio (que cada uno viaje al espacio como quiera).
Porque, la verdad, a veces dan ganas de plantarse con las manos en jarras y enseñar los dientes, gruñiendo y saltando como una fiera incontrolable, liarse a guantazos con el prójimo y huir al Caribe o a cualquier otro país que te quede lo suficientemente lejos y a vivir que son dos días.
Y no me vengáis con cuentos de esfuerzo, moral, responsabilidad y polladas parecidas porque somos muchos los que intentamos ser buenos con los demás, que pringamos por cosas que no hemos hecho y aguantamos la mierda del de al lado, somos muchos los que nos quedamos calladitos y en nuestro sitio, poniendo esa otra mejilla de la que habla la moral cristiana, y miradnos, seguimos en el mismo puñetero sitio...
Sé que nadie está contento con lo que tiene, nadie está totalmente pleno y el que dice que lo está, miente.
Como humanos, como seres supuestamente racionales, nacemos con la lágrima pegada al ojo, y por fuerte, duro o machote que quieras ser, acabas pataleando a la primera de cambio, y no importa si te consuelan o no, si tienes amigos o no, si estás casado o soltero, con hijos o sin ellos, pobre o rico, todos acabamos llorando.
Somos una especie tan frágil y tan autodestructiva...nunca he visto a una flor lloriquear porque vive en un balcón con vistas a ninguna parte, sin un futuro mejor.
Avariciosos y ambiciosos, incluso el más humilde de los humanos siente que le falta algo...
Y es que no tenemos remedio. No hay pastillas azules ni cápsulas criogénicas, ni naves espaciales, ni lavados intensivos de cerebro. Un mundo feliz soñaba Huxley, un superhombre clamaba Nietzsche, una raza pura gritaba Hitler... ¡Iros todos al carajo! Digo yo.
No tenemos remedio, no señor. Unos por buenos, otros por malos, unos por luchadores y otros por vagos, la humanidad es un incompleto desastre.
Y teoriza todo lo que quieras, trabaja, ríe, folla, que da igual, nunca lo tendrás todo porque, queridos semejantes, he llegado a una conclusión: no somos humanos, somos insatisfechos crónicos.
Atentamente,
El cinismo.