Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Peste roja maldita,
acorralada entre senderos,
con la ignorancia de saberos,
que pronto será tu epidemia,
Benévola condescendencia,
que será arrancada en tus adentros,
cuando el jugo del odio,
se marchite entre tus ojos,
con lágrimas negras,
con suspiros rosas...
Con la punta de la espada,
abro más la herida,
que termine de supurar,
entre pus, entre rencores...
La gracia venidera,
se pierda en maldiciones,
si el tormento arrecia,
entre sucias palabras,
con el puro placer de decirlas...
Que en el infierno de mis garras,
ha sucumbido el desespero,
con la soledad prometida,
con la infelicidad derrochada,
Que se juegue siempre,
que se ame siempre,
aunque solo sea con un dejo,
de corazón abierto por la ceguera,
con luz declarada oscura... eterna,
Me llamáis entre nubes,
con los sueños húmedos,
olvidando la peste que os rodea,
que carcomerá vuestra sangre,
convirtiéndola en solo un guiso,
que sea retomado... curado...
por colmillos envenenados...
Una sonrisa macabra,
que celebre el pacto endemoniado,
con la sutileza de una sombra,
con la caricia de una seda...
Augusta solemnidad,
que precede mi firma,
látigos crueles,
que os arranquen el placer,
entre gemidos... entre fluidos,
Limpiaré cada una...
con lengua perpetua,
y sumiré mis besos,
como savia... como elixir...
Cetros postergados,
con las coronas falsas,
de reinos comprometidos,
al fracaso de sus mentiras...
Aborda la suerte,
el camino del exceso,
si entre llamas,
confundirás mis alas,
siendo ellas completas...
arcanas y profanas...
Cuando la rebelión de Lucifer,
fue entonada con mi piano,
entre tristes acordes,
que estremecen los cielos,
Infierno nacido entre mis notas,
que sean redentoras ideas...
A Él que soy yo,
Yo que soy Él.
Malabares sentimientos,
que acudan entre sollozos,
con solsticio de verano,
que reanudará reencarnación,
renacimiento de la Nada,
con el reino de Midas,
Que absorba el oro,
mientras el Hades llore,
cuando las almas guardadas,
canten mi oda...
Violines... Violoncelos,
Arpas mágicas,
que acaricien tus gemidos,
cuando las sonatas suenen,
el imperio termina,
Cuando tu orgasmo llegue,
así perdido entre mis labios,
sonará mi canto...
gutural... dulce...
Que solo hoy... es mi balada,
entre la Luna de Beethoven,
o el Ave de Bach... ahí estoy...
Sonriendo... cantando,
que este instante,
se guarde en los adentros,
de quien haya comprendido,
la soledad de mi alma,
la felicidad de mis solitud,
mi lujuria lasciva,
mi maldición perpetúa...
Os dejaré... os dejaré
L.V.
acorralada entre senderos,
con la ignorancia de saberos,
que pronto será tu epidemia,
Benévola condescendencia,
que será arrancada en tus adentros,
cuando el jugo del odio,
se marchite entre tus ojos,
con lágrimas negras,
con suspiros rosas...
Con la punta de la espada,
abro más la herida,
que termine de supurar,
entre pus, entre rencores...
La gracia venidera,
se pierda en maldiciones,
si el tormento arrecia,
entre sucias palabras,
con el puro placer de decirlas...
Que en el infierno de mis garras,
ha sucumbido el desespero,
con la soledad prometida,
con la infelicidad derrochada,
Que se juegue siempre,
que se ame siempre,
aunque solo sea con un dejo,
de corazón abierto por la ceguera,
con luz declarada oscura... eterna,
Me llamáis entre nubes,
con los sueños húmedos,
olvidando la peste que os rodea,
que carcomerá vuestra sangre,
convirtiéndola en solo un guiso,
que sea retomado... curado...
por colmillos envenenados...
Una sonrisa macabra,
que celebre el pacto endemoniado,
con la sutileza de una sombra,
con la caricia de una seda...
Augusta solemnidad,
que precede mi firma,
látigos crueles,
que os arranquen el placer,
entre gemidos... entre fluidos,
Limpiaré cada una...
con lengua perpetua,
y sumiré mis besos,
como savia... como elixir...
Cetros postergados,
con las coronas falsas,
de reinos comprometidos,
al fracaso de sus mentiras...
Aborda la suerte,
el camino del exceso,
si entre llamas,
confundirás mis alas,
siendo ellas completas...
arcanas y profanas...
Cuando la rebelión de Lucifer,
fue entonada con mi piano,
entre tristes acordes,
que estremecen los cielos,
Infierno nacido entre mis notas,
que sean redentoras ideas...
A Él que soy yo,
Yo que soy Él.
Malabares sentimientos,
que acudan entre sollozos,
con solsticio de verano,
que reanudará reencarnación,
renacimiento de la Nada,
con el reino de Midas,
Que absorba el oro,
mientras el Hades llore,
cuando las almas guardadas,
canten mi oda...
Violines... Violoncelos,
Arpas mágicas,
que acaricien tus gemidos,
cuando las sonatas suenen,
el imperio termina,
Cuando tu orgasmo llegue,
así perdido entre mis labios,
sonará mi canto...
gutural... dulce...
Que solo hoy... es mi balada,
entre la Luna de Beethoven,
o el Ave de Bach... ahí estoy...
Sonriendo... cantando,
que este instante,
se guarde en los adentros,
de quien haya comprendido,
la soledad de mi alma,
la felicidad de mis solitud,
mi lujuria lasciva,
mi maldición perpetúa...
Os dejaré... os dejaré
L.V.
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