Sommbras
Poeta adicto al portal
(
beso caricia
beso
esto retumba
debajo de esta cama en el más
absoluto silencio
No sé porqué estoy solo acostado en esta cama. Ingresé al beso de la sangre que prende con las gardenias, llené sus labios de palabras, las escribí en sus ojos de ron, y cuando su beso penetró por mis entrañas, sus labios fueron furia, antorcha, relincho, ahora en el silencio su sombra es miserere.
No sé porqué todo esto, después de pensar en su beso sus ojos y yo en su beso y los pájaros, sólo.
Sus manos de mujer están grabadas hasta en el lazo azul de esta almohada
Entre la luz de sus ojos, y el crepúsculo de la tarde, una promesa esperaba su cielo. En la felpa de mis esperanzas, el beso fugándose por entre las barcazas, recuerdo. También allá, volando cerca de las olas, la gaviota que creó la rosa de la amistad improvisaba su camino. Ella no supo.
Oh, su beso, cuán subordinado sigo a su beso.
Ella me besó a pesar de lo triste de la ola, y me colocó un temblor de mariposas en los labios.
Besaba, y el silencio era manzana. Ella reunía todas las mujeres en sus labios de mujer. El amor subía y se derramaba, la flecha retornaba al árbol, múltiple estaba yo, uno era en ella, dos pero uno, como sus pechos al trasluz, mientras la sombra se desgarraba entre aquellos geranios y ventanas.
Tengo hambre, pero su beso me llena de sueño mientras sus ojos me suenan a un próximo despertar.
Su mano de olas aceite y peces en el puerto, y su risa haciendo frágiles huellas en la arena mojada por playa.
Yo la premiaba con un beso, cuando reía; la callaba, si es que hablaba, con un beso, y cuando se abrió el botón del atardecer rosa, la rosa de otro beso se abrió en su pecho, entonces, en serena quietud de la conciencia, con mimos verdes la acaricié.
No, no lo hubo a los dientes de aquella pizzería. Tampoco después en aquel karaoke cuando cantó, su mirada era su voz, y en su vientre se le dormía la música y la danza.
No lo hubo porque no hay abrazo pequeño si el roce de la piel es azul.
No si se llevan en las pupilas abrazos trenzados.
Parece que no me duermo esta noche. El pequeño despertador destila en silencio gota a gota quince visiones de un beso llamado noviembre.
Así, nuestro beso se vistió con el rostro del mar desde el árbol de nuestro beso.
Hoy su beso en el recuerdo ha crecido un poco más. No sé dónde estará ahora, mi domadora del grito y del espasmo.
Tanto he besado sus labios en sueños, que se me acercan los sueños para besarla...
Y cuanto beso he conocido desde entonces me dije, y cuanto beso he sido comprendido desde entonces me dije, el amor no puede resistir la muerte de ciertas golondrinas.
Los pájaros lo sabían y la noche y la mar y la luna y el tiempo de calor y el tiempo de frío y el alma de los cisnes del lago y el diablo que enmaraña las raíces y las empuja fuera de la tierra y el macho y la hembra en los dramas de Buñuel y los amigos y la familia menos mi madre, todos gritaban ruptura ruptura
Estoy clavando las horas al reloj. ¿Cómo sostener la marea de imágenes subiendo? Cien años tenía mi mirada aquella tarde. El sol ha ido aboliendo el tiempo y ha fijado esas imágenes en mi alma para siempre. Al final, tendré que realizar un viaje sonoro, levantarme a contemplar el video de la playa, su risa, su falda, y dejar lentamente que las lágrimas escapen contagiadas de tanta luz mojada
en el más
en el más categórico y el más
absoluto
silencio)
Chus
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beso
esto retumba
debajo de esta cama en el más
absoluto silencio
No sé porqué estoy solo acostado en esta cama. Ingresé al beso de la sangre que prende con las gardenias, llené sus labios de palabras, las escribí en sus ojos de ron, y cuando su beso penetró por mis entrañas, sus labios fueron furia, antorcha, relincho, ahora en el silencio su sombra es miserere.
No sé porqué todo esto, después de pensar en su beso sus ojos y yo en su beso y los pájaros, sólo.
Sus manos de mujer están grabadas hasta en el lazo azul de esta almohada
Entre la luz de sus ojos, y el crepúsculo de la tarde, una promesa esperaba su cielo. En la felpa de mis esperanzas, el beso fugándose por entre las barcazas, recuerdo. También allá, volando cerca de las olas, la gaviota que creó la rosa de la amistad improvisaba su camino. Ella no supo.
Oh, su beso, cuán subordinado sigo a su beso.
Ella me besó a pesar de lo triste de la ola, y me colocó un temblor de mariposas en los labios.
Besaba, y el silencio era manzana. Ella reunía todas las mujeres en sus labios de mujer. El amor subía y se derramaba, la flecha retornaba al árbol, múltiple estaba yo, uno era en ella, dos pero uno, como sus pechos al trasluz, mientras la sombra se desgarraba entre aquellos geranios y ventanas.
Tengo hambre, pero su beso me llena de sueño mientras sus ojos me suenan a un próximo despertar.
Su mano de olas aceite y peces en el puerto, y su risa haciendo frágiles huellas en la arena mojada por playa.
Yo la premiaba con un beso, cuando reía; la callaba, si es que hablaba, con un beso, y cuando se abrió el botón del atardecer rosa, la rosa de otro beso se abrió en su pecho, entonces, en serena quietud de la conciencia, con mimos verdes la acaricié.
No, no lo hubo a los dientes de aquella pizzería. Tampoco después en aquel karaoke cuando cantó, su mirada era su voz, y en su vientre se le dormía la música y la danza.
No lo hubo porque no hay abrazo pequeño si el roce de la piel es azul.
No si se llevan en las pupilas abrazos trenzados.
Parece que no me duermo esta noche. El pequeño despertador destila en silencio gota a gota quince visiones de un beso llamado noviembre.
Así, nuestro beso se vistió con el rostro del mar desde el árbol de nuestro beso.
Hoy su beso en el recuerdo ha crecido un poco más. No sé dónde estará ahora, mi domadora del grito y del espasmo.
Tanto he besado sus labios en sueños, que se me acercan los sueños para besarla...
Y cuanto beso he conocido desde entonces me dije, y cuanto beso he sido comprendido desde entonces me dije, el amor no puede resistir la muerte de ciertas golondrinas.
Los pájaros lo sabían y la noche y la mar y la luna y el tiempo de calor y el tiempo de frío y el alma de los cisnes del lago y el diablo que enmaraña las raíces y las empuja fuera de la tierra y el macho y la hembra en los dramas de Buñuel y los amigos y la familia menos mi madre, todos gritaban ruptura ruptura
Estoy clavando las horas al reloj. ¿Cómo sostener la marea de imágenes subiendo? Cien años tenía mi mirada aquella tarde. El sol ha ido aboliendo el tiempo y ha fijado esas imágenes en mi alma para siempre. Al final, tendré que realizar un viaje sonoro, levantarme a contemplar el video de la playa, su risa, su falda, y dejar lentamente que las lágrimas escapen contagiadas de tanta luz mojada
en el más
en el más categórico y el más
absoluto
silencio)
Chus
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