Évano
Libre, sin dioses.
No creí posible que se ocultara el cielo
y en un momento nubes gigantes me encerraron.
Introduje en mí a todo paisaje y horizonte.
¡Qué apretado queda el Todo adentro!
Entré corriendo a casa y refugié a mi mundo.
Fuera ululaba el viento y los cuchillos de agua
se clavaban en la hierba mientras las nubes,
endiabladas, volaban al confín del universo.
A mi alrededor, al de la chimenea,
fresnos y alisos y pinos y robles y cerezos
escuchaban y miraban el crepitar de la leña
y al susurrar de las montañas y los valles y los ríos
que estaban amontonados a nuestras espaldas.
La gata en mi regazo y el mastín en mis pies,
con sus ojos asustados en la ventana de sombras veloces,
observaban a la otra vida arder en chimenea.
¡Cómo se deshacían coches y edificios y fábricas,
y cómo cabalgaban el humo! Eran las almas de mi ayer
que bramaban en su encuentro con el exterior diabólico
y se unían a las brumas y nieblas que cercaban
esta casa de piedra y esperanza que es mi ahora.
y en un momento nubes gigantes me encerraron.
Introduje en mí a todo paisaje y horizonte.
¡Qué apretado queda el Todo adentro!
Entré corriendo a casa y refugié a mi mundo.
Fuera ululaba el viento y los cuchillos de agua
se clavaban en la hierba mientras las nubes,
endiabladas, volaban al confín del universo.
A mi alrededor, al de la chimenea,
fresnos y alisos y pinos y robles y cerezos
escuchaban y miraban el crepitar de la leña
y al susurrar de las montañas y los valles y los ríos
que estaban amontonados a nuestras espaldas.
La gata en mi regazo y el mastín en mis pies,
con sus ojos asustados en la ventana de sombras veloces,
observaban a la otra vida arder en chimenea.
¡Cómo se deshacían coches y edificios y fábricas,
y cómo cabalgaban el humo! Eran las almas de mi ayer
que bramaban en su encuentro con el exterior diabólico
y se unían a las brumas y nieblas que cercaban
esta casa de piedra y esperanza que es mi ahora.