Khande Canes
Poeta recién llegado
En las Lunas que nos deparan,
los ojos fugitivos
se encierran en sus cárceles
difusas.
Ángulos extraños en mi cadera,
miles de hormigas ebrias
cargando el telón oscuro
que nos oculta.
¡Cuántos otoños perennes
marchitaron tus pensamientos!
¡Cuántas cadenas ardiendo
en tus muñecas!
Símbolos inocuos de conjuros
sin solemne oración.
¡Qué insulto a la reflexión tardía!
¡Qué honor a la lejanía del dios!
Hecatónquiros fuimos,
encerrados a merced de perros enfermos
por la mano risueña
que nosotros corrompimos,
en el cénit grisáceo
del dolor que sentimos.
los ojos fugitivos
se encierran en sus cárceles
difusas.
Ángulos extraños en mi cadera,
miles de hormigas ebrias
cargando el telón oscuro
que nos oculta.
¡Cuántos otoños perennes
marchitaron tus pensamientos!
¡Cuántas cadenas ardiendo
en tus muñecas!
Símbolos inocuos de conjuros
sin solemne oración.
¡Qué insulto a la reflexión tardía!
¡Qué honor a la lejanía del dios!
Hecatónquiros fuimos,
encerrados a merced de perros enfermos
por la mano risueña
que nosotros corrompimos,
en el cénit grisáceo
del dolor que sentimos.
Última edición por un moderador: