BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy febril, y canto
con una escopeta suicidada.
Desde los llanos, humildemente,
escucho los gritos del apologista,
del terrible emblema de un silo apostillado.
La mampostería de un ciclo de vacilantes
nubes, comienza a devenirse en cántico,
pérdida, humedad de las gargantas.
Las fortalezas de la periferia, su presión esquelética,
su razón de persistencia en el humo, trafica
y rema en dirección opuesta a un amplio mar
de mensajes y solitarios eremitas emasculados.
Estoy en situación de decir que me incitan
los astros volcánicos, las nebulosas de permeables
ombligos, los pergaminos del sollozo unánime.
La bestialidad de los militares exige un peso de hondas
cabelleras multiplicadas por la electricidad del beso.
Y estoy vacuo, indeciso, horrísono y me oculto.
©
con una escopeta suicidada.
Desde los llanos, humildemente,
escucho los gritos del apologista,
del terrible emblema de un silo apostillado.
La mampostería de un ciclo de vacilantes
nubes, comienza a devenirse en cántico,
pérdida, humedad de las gargantas.
Las fortalezas de la periferia, su presión esquelética,
su razón de persistencia en el humo, trafica
y rema en dirección opuesta a un amplio mar
de mensajes y solitarios eremitas emasculados.
Estoy en situación de decir que me incitan
los astros volcánicos, las nebulosas de permeables
ombligos, los pergaminos del sollozo unánime.
La bestialidad de los militares exige un peso de hondas
cabelleras multiplicadas por la electricidad del beso.
Y estoy vacuo, indeciso, horrísono y me oculto.
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