R.H Sonny
Poeta recién llegado
Desde mi ventana
alborada se divisa la mañana,
el café amargo me exhala
la caliente neblina evaporada,
me desvelo con su esencia amarga
mientras me mezo en mi vieja butaca.
Estoy sumido en los recuerdos
que el café en mi memoria levanta,
ya no está en casa mi amada
ni aquellas sus conversaciones largas;
y no esta tampoco la mesa estucada
la testigo de mil manos jugadas,
rayada por el roce de las cartas
opté por dejarla en el desván guardada,
no por su alma magullada
más por el rio de lágrimas que me provocaba.
Hoy no tengo visita, supongo
quince años ya esperándola,
desde aquel accidente astrónomo
donde una estrella se me la llevaba,
y yo que me quedaba solo
en la número cinco de la calle Algaba.
Solo con cuatro hijos
que hace tiempo me visitaban,
quizás por la amargura que en mí exijo
será que estropeo las veladas,
quizás por lo traumático de lo vivido
no supe darles lo que necesitaban.
Y es en la número cinco de la calle Algaba
donde después de una eternidad llegaba,
la divisé en la alborada desde mi ventana
cuan pájaro con alas me llamaba.
alborada se divisa la mañana,
el café amargo me exhala
la caliente neblina evaporada,
me desvelo con su esencia amarga
mientras me mezo en mi vieja butaca.
Estoy sumido en los recuerdos
que el café en mi memoria levanta,
ya no está en casa mi amada
ni aquellas sus conversaciones largas;
y no esta tampoco la mesa estucada
la testigo de mil manos jugadas,
rayada por el roce de las cartas
opté por dejarla en el desván guardada,
no por su alma magullada
más por el rio de lágrimas que me provocaba.
Hoy no tengo visita, supongo
quince años ya esperándola,
desde aquel accidente astrónomo
donde una estrella se me la llevaba,
y yo que me quedaba solo
en la número cinco de la calle Algaba.
Solo con cuatro hijos
que hace tiempo me visitaban,
quizás por la amargura que en mí exijo
será que estropeo las veladas,
quizás por lo traumático de lo vivido
no supe darles lo que necesitaban.
Y es en la número cinco de la calle Algaba
donde después de una eternidad llegaba,
la divisé en la alborada desde mi ventana
cuan pájaro con alas me llamaba.
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