La lluvia me hace llorar,
me deja triste.
La humedad eriza mi piel,
y un frío
que no sé de donde viene
me penetra cruel.
En el sur, la lluvia
es la puesta del sol,
por eso me gusta.
Aquí la lluvia me acorta,
me achica;
es la entrada al pozo
donde los culandros crecen
sin apenas luz;
es triste.
Mi alma sedienta de claridad
quiere aprender a sorber
la fuerza de la luz,
como los culandrillos
atrapan hábiles
las cuentas de lucecitas
que caen de entre las nubes.
Pero creo que en el esfuerzo
me hiero tanto
que me desangro
y mi vida se escapa
como el agua entre las manos.
A veces creo
que sólo sobrevivo aquí,
y que las nubes
me ocultan la belleza
que me gustaría descubrir.
El verdín ha crecido en mi alma
y el sol resbala sin atraparla,
el sol que un día guardé
de mi esperanza
se muere triste
sobre mi alma.
me deja triste.
La humedad eriza mi piel,
y un frío
que no sé de donde viene
me penetra cruel.
En el sur, la lluvia
es la puesta del sol,
por eso me gusta.
Aquí la lluvia me acorta,
me achica;
es la entrada al pozo
donde los culandros crecen
sin apenas luz;
es triste.
Mi alma sedienta de claridad
quiere aprender a sorber
la fuerza de la luz,
como los culandrillos
atrapan hábiles
las cuentas de lucecitas
que caen de entre las nubes.
Pero creo que en el esfuerzo
me hiero tanto
que me desangro
y mi vida se escapa
como el agua entre las manos.
A veces creo
que sólo sobrevivo aquí,
y que las nubes
me ocultan la belleza
que me gustaría descubrir.
El verdín ha crecido en mi alma
y el sol resbala sin atraparla,
el sol que un día guardé
de mi esperanza
se muere triste
sobre mi alma.