vronte
Poeta infiel al portal
Siento que deseo vivir;
y no puedo frenar las carcajadas de ironía
reventando desde dentro hasta fuera de mi pecho
ante la inocencia de esta cosa que llevo por cerebro.
Muerte día a día,
putrefactos tantos cuerpos
a montones en aldeas cuyos nombres
todos desconocemos.
Abusos noche a noche,
profanados tantos cuerpos
a montones cuyos nombres
todos conocemos.
Victimarios por apego hacia el silencio,
damos por perdida la decencia de la vida
al bailar con las piernas abiertas
hacia el orgasmo del olvido y el maquillaje de la herida.
Siento que deseo vivir,
ante el pavor de un viaje inevitable
cuyo destino puede ser peor que el punto de partida…
un paisaje plasmado al estigma ‘decadencia’
con novias borrachas en la iglesia de un cura cuya ostia es una droga
de pigmento blanco e intenciones cancerosas.
Si.
El prisma que llevamos por anteojos
debe optar por tolerar en base a maquillaje
o ceguera inclaudicable
sea lo que sea tenga en frente…
cultivar ese deseo de vivir que nace en nuestras mentes
y se proyecta hacia el destino
de los cautivos reincidentes.
y no puedo frenar las carcajadas de ironía
reventando desde dentro hasta fuera de mi pecho
ante la inocencia de esta cosa que llevo por cerebro.
Muerte día a día,
putrefactos tantos cuerpos
a montones en aldeas cuyos nombres
todos desconocemos.
Abusos noche a noche,
profanados tantos cuerpos
a montones cuyos nombres
todos conocemos.
Victimarios por apego hacia el silencio,
damos por perdida la decencia de la vida
al bailar con las piernas abiertas
hacia el orgasmo del olvido y el maquillaje de la herida.
Siento que deseo vivir,
ante el pavor de un viaje inevitable
cuyo destino puede ser peor que el punto de partida…
un paisaje plasmado al estigma ‘decadencia’
con novias borrachas en la iglesia de un cura cuya ostia es una droga
de pigmento blanco e intenciones cancerosas.
Si.
El prisma que llevamos por anteojos
debe optar por tolerar en base a maquillaje
o ceguera inclaudicable
sea lo que sea tenga en frente…
cultivar ese deseo de vivir que nace en nuestras mentes
y se proyecta hacia el destino
de los cautivos reincidentes.