Z. Gómez
Poeta recién llegado
Deseo que mi deseo por verla
no se haga realidad.
Arden las yemas de mis dedos
si rozo la mitad izquierda de mi sombra
que se proyecta en este cristal de luz.
Penetro con mis uñas rasgando la piel
y entonces
-"Tendría que hacer una incisión y retirar el músculo pectoral mayor, menor y..."-
Y la impertinencia de un celular
interrumpe la frase,
interrumpe mi historia.
Aún así, perforo mi pecho
-ya perforado-
y tras pocos esfuerzos
encuentro lo que busco;
lo tomo, lo estrujo,
odiándolo por sus gritos internos
que laceran mi sangre y me impiden dormir.
Lo tengo en mi mano,
en mi puño cerrado,
lo pongo enfrente de mí:
-¡Cállate ya! ¿Qué es lo que quieres?
-Sólo deseo verla, "Francito"
Responde él, quedo, muy quedo.
Y yo,
mientras vuelvo a percibir ese maldito olor a tierra llovida,
yo sólo deseo que mi deseo por verla
no se haga realidad.
no se haga realidad.
Arden las yemas de mis dedos
si rozo la mitad izquierda de mi sombra
que se proyecta en este cristal de luz.
Penetro con mis uñas rasgando la piel
y entonces
-"Tendría que hacer una incisión y retirar el músculo pectoral mayor, menor y..."-
Y la impertinencia de un celular
interrumpe la frase,
interrumpe mi historia.
Aún así, perforo mi pecho
-ya perforado-
y tras pocos esfuerzos
encuentro lo que busco;
lo tomo, lo estrujo,
odiándolo por sus gritos internos
que laceran mi sangre y me impiden dormir.
Lo tengo en mi mano,
en mi puño cerrado,
lo pongo enfrente de mí:
-¡Cállate ya! ¿Qué es lo que quieres?
-Sólo deseo verla, "Francito"
Responde él, quedo, muy quedo.
Y yo,
mientras vuelvo a percibir ese maldito olor a tierra llovida,
yo sólo deseo que mi deseo por verla
no se haga realidad.
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