Entre las horas del día
busco la tranquilidad.
Encuentro el placer en el quehacer diario,
atrapando el disfrute de hacer lo que quiero.
Entre los dedos
se resbalo el deseo de la juventud,
pero quedo el amor suave
aderezado por el perfume
que coloco en mi cuerpo
y el aceite que resbala por mí.
En cada sueño,
pongo un amante sin rostro
y abrazo las noches
buscando tus manos
que siempre se ponen en mi vientre
busco la tranquilidad.
Encuentro el placer en el quehacer diario,
atrapando el disfrute de hacer lo que quiero.
Entre los dedos
se resbalo el deseo de la juventud,
pero quedo el amor suave
aderezado por el perfume
que coloco en mi cuerpo
y el aceite que resbala por mí.
En cada sueño,
pongo un amante sin rostro
y abrazo las noches
buscando tus manos
que siempre se ponen en mi vientre