desesperacion

lucov

Poeta recién llegado
Parado en la esquina de la calle, con las manos en los bolsillos de su largo abrigo, con la solapa levantada para dar calor a su cuello y un sombrero de lana hasta media oreja, esperaba en la noche brumosa que pasara el vecino, como todos los días y a la misma hora le daba algunas monedas y un cigarrillo.

Los pensamientos se convulsionaban al igual que su hambre. Tiene que ir a trabajar, porque no aparece.

Los escasos transeúntes lo miraban como una estatua de sombra y pasaban indiferentes. El tiempo transcurría al compás del frio apagando la esperanza de poder comer o tomar un trago. Se dirigió a su pieza en el conventillo, al abrir la puerta miró su cama desordenada, una mesa con una taza sin lavar y en una esquina cruzaba un alambre en donde colgaba su ropa raída. Frente a la puerta en la pared estaba el crucifijo de madera con la figura de Cristo en metal con el rostro al cielo suplicando respuesta eterna. La ira ocupó todos sus pensamientos impulsados por el hambre y la sed. Tomó el crucifico arrancándolo de la pared y gritando

-Si estas sufriendo ándate.

Lo lanzó con violencia al suelo.

-No necesito que me mires, no te puedo ayudar.

La voz se transformó en sonidos guturales.

-No deseo ver tu cara siempre pidiendo.

Se tiró en su cama agotado y los sueños lo trasladaron a un mundo de sombras, en donde el piso se desmoronaba en abismos sin fin y caía en un viaje sin término, de las sombras surgían entidades que lo atacaban, lo apresaban para extraer su vida ahogándolo en un espacio sin tiempo. Desesperado despertó sin aliento. Había amanecido, levantó su cabeza aliviado por estar consciente y la luz del día entraba por la ventana mostrando la pared con la cruz marcada por la

Diferencia de color desde donde había sacado el crucifijo.
 

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