Francisco Aravena
Poeta recién llegado
Socorra mi alma de los recuerdos desesperados
Y dame alguna señal para encontrar el perdón.
Saber que provoqué un sufrimiento inesperado
No es fácil escuchar que endurecí tu corazón.
Todo lo que vivimos se vuelve en mi contra.
La complicidad germinó en ti incredulidad.
Conocías mi corazón y lo que a diario confronta
Nada bastó para encontrar tu tranquilidad.
Me confié del tiempo y de su traicionera paz
Creyendo que en él teníamos comprada la eternidad.
Todo lo que disfruté fue un segundo fugaz
Que desde las cenizas me comienza a dañar.
A la distancia noté tu mirada menguante,
Limpiándose las heridas se comenzaba a bañar
Nunca estuvo en mis planes dañarte
Sólo buscaba mis sentimientos sanar.
No encuentro redención alguna en mi descuido
Lamentablemente la ira nuestro corazón dominó
Por mucho que haga nada será como antes
Más aun si no perdono mi propio error.
Quiero volver a ver tus ojitos brillante,
Me conformaré con saber que no te domina el rencor.