Littera
Poeta asiduo al portal
Débil se siente el alma, la voluntad hundida,
deshecha la ilusión y enjuto el pensamiento
cuando es onusto plomo cada parvo momento
y atormentan las horas más que una aguda herida.
La conciencia canosa, lánguida y abatida
no encuentra en los dominios del ocaso crasiento
qué le brinde placer, alborozo y contento
ni qué sobre sus cuitas con eficacia incida.
Gobierna la desidia el pulso de las manos,
y las piernas se cruzan, sordas y displicentes
a los groseros ruidos y tráfagos mundanos.
Melancólica, así, escudriña a las gentes
como a sombras exangües o fantasmas livianos
la enigmática Airena de curvas prominentes.