Despedida del instante

poetakabik

Poeta veterano en el portal
Mecenas
Tan solo existe el ahora,
como un cristal tembloroso,
que entre las manos se quiebra
dejando un brillo borroso.

Y sin embargo lo herimos,
lo relegamos al fondo,
mientras soñamos futuros
que nunca pisan el polvo.

Se va la tarde callada,
con su perfume de rosas;
y yo preparo caminos
que quizá no vean auroras.

¡Cuántas veces la promesa
me tiende su débil sombra,
y en ella me reconozco
siendo ceniza que flota!

¿Por qué perder lo que arde,
por qué olvidar lo que late,
si el instante nos reclama
y en su latido nos parte?

¿Quién me asegura el mañana?,
¿quién me regala otro aire?
Si la vida es llamarada,
¿por qué esperar que no acabe?

Hoy estás, y tu presencia
derrama luz en mis manos;
mañana sólo un vacío
besará mis labios blancos.

Déjame entonces mirarte,
como se mira el ocaso;
que aun muriendo se hace eterno
cuando en el alma lo guardo.

Sólo tenemos el ahora,
tesoro de un dios extraño;
y en su frágil geometría
se alzan los sueños humanos.

Si te vas, llevaré en mí
el temblor de lo cercano:
esa chispa fugitiva
que se llama “lo que amamos”.
 
Tan solo existe el ahora,
como un cristal tembloroso,
que entre las manos se quiebra
dejando un brillo borroso.

Y sin embargo lo herimos,
lo relegamos al fondo,
mientras soñamos futuros
que nunca pisan el polvo.

Se va la tarde callada,
con su perfume de rosas;
y yo preparo caminos
que quizá no vean auroras.

¡Cuántas veces la promesa
me tiende su débil sombra,
y en ella me reconozco
siendo ceniza que flota!

¿Por qué perder lo que arde,
por qué olvidar lo que late,
si el instante nos reclama
y en su latido nos parte?

¿Quién me asegura el mañana?,
¿quién me regala otro aire?
Si la vida es llamarada,
¿por qué esperar que no acabe?

Hoy estás, y tu presencia
derrama luz en mis manos;
mañana sólo un vacío
besará mis labios blancos.

Déjame entonces mirarte,
como se mira el ocaso;
que aun muriendo se hace eterno
cuando en el alma lo guardo.

Sólo tenemos el ahora,
tesoro de un dios extraño;
y en su frágil geometría
se alzan los sueños humanos.

Si te vas, llevaré en mí
el temblor de lo cercano:
esa chispa fugitiva
que se llama “lo que amamos”.

Gran poesía, señor.

Saludos cordiales.
 
Tan solo existe el ahora,
como un cristal tembloroso,
que entre las manos se quiebra
dejando un brillo borroso.

Y sin embargo lo herimos,
lo relegamos al fondo,
mientras soñamos futuros
que nunca pisan el polvo.

Se va la tarde callada,
con su perfume de rosas;
y yo preparo caminos
que quizá no vean auroras.

¡Cuántas veces la promesa
me tiende su débil sombra,
y en ella me reconozco
siendo ceniza que flota!

¿Por qué perder lo que arde,
por qué olvidar lo que late,
si el instante nos reclama
y en su latido nos parte?

¿Quién me asegura el mañana?,
¿quién me regala otro aire?
Si la vida es llamarada,
¿por qué esperar que no acabe?

Hoy estás, y tu presencia
derrama luz en mis manos;
mañana sólo un vacío
besará mis labios blancos.

Déjame entonces mirarte,
como se mira el ocaso;
que aun muriendo se hace eterno
cuando en el alma lo guardo.

Sólo tenemos el ahora,
tesoro de un dios extraño;
y en su frágil geometría
se alzan los sueños humanos.

Si te vas, llevaré en mí
el temblor de lo cercano:
esa chispa fugitiva
que se llama “lo que amamos”.
El presente es sin dudas el mejor momento, es un regalo que debemos aprender a abrazar.

Saludos
 

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