Alma Gris
Poeta recién llegado
El cielo toco en mi tierra, con la humedad de sus labios, en la mañana de Abril y el viento cálido. Viajo el sonido de las aves por mis huesos, murmurando la hora del comienzo. Así que rompí con mis dedos lo desprovisto del destino, extendí mis brazos, uno por vez, sin embargo, eclipse mi mollera por no creerme capaz. Entonces la lluvia golpeo e intento arrastrarme, alce mis ojos para limpiar mis cuencas, abrí la boca para librar mi sed, bebí a cuenta gotas mi fortuna. Y ame la vida cuando salía el sol, su luz ardía conmigo, convencí a mis pies para afirmarse con fuerza.
Baile con la flora del los verdes jardines, compartiendo la sombra y el vigor de nuestros cuerpos, desprendiendo aromas en éxtasi, mojando con mi ego todo lo que se me acercaba. Mire mis pies para adorar mi fortaleza y se cegaron mis ojos. Mi tiempo había terminado.
Crepite en Agosto, en la oscuridad. Ya mis ojos no distinguían, tan solo podía escuchar la brisa que acariciaba mi pelo y cada cabello marchitaba desnaturalizándose en el aire. Comprendí que era la hora, pero no pude acelerar la agonía. Trasmutar es mi derecho que reclamo. Vivir sin miedo.
©AlmaGris/RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS
Baile con la flora del los verdes jardines, compartiendo la sombra y el vigor de nuestros cuerpos, desprendiendo aromas en éxtasi, mojando con mi ego todo lo que se me acercaba. Mire mis pies para adorar mi fortaleza y se cegaron mis ojos. Mi tiempo había terminado.
Crepite en Agosto, en la oscuridad. Ya mis ojos no distinguían, tan solo podía escuchar la brisa que acariciaba mi pelo y cada cabello marchitaba desnaturalizándose en el aire. Comprendí que era la hora, pero no pude acelerar la agonía. Trasmutar es mi derecho que reclamo. Vivir sin miedo.
©AlmaGris/RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS
Última edición: