Campos que yo no recuerdo,
campos que estáis en mi olvido,
cuando a lo lejos os veo
mi corazón salta
y mi vida llora como “blandura”,
sin lágrimas,
pero tan fría y con tanta pena
que os quito de mi pensamiento
tan pronto como saltáis de la niebla,
suaves y verdes como fantasmas
con alma de aceituna negra.
Vuestro olor me penetra,
vuestro invierno me inunda
de frío el cuerpo y de calor la vida;
despierta mis sentidos,
corren del vientre al corazón
llenos de soledad y ternura.
Guardo mis lágrimas
porque nadie las entiende,
para que nadie las vea,
y como una gotera suave pero continua
están hirieron mi ser,
mi pena negra aceituna
y no se de dónde
mi sangre sale fluida.
Pero tú, paso a olivares,
lo sabes de tantas veces
que no vuelvo la cabeza
cuando dejo tu “callejón de piedra”,
y mi aliento tu tierra mancha
viendo que me voy sin vida.
De tanto llorarte a solas,
de luego poner sonrisas
la gente no te adivina, “corazón”,
con sangre negra de aceitunas.
campos que estáis en mi olvido,
cuando a lo lejos os veo
mi corazón salta
y mi vida llora como “blandura”,
sin lágrimas,
pero tan fría y con tanta pena
que os quito de mi pensamiento
tan pronto como saltáis de la niebla,
suaves y verdes como fantasmas
con alma de aceituna negra.
Vuestro olor me penetra,
vuestro invierno me inunda
de frío el cuerpo y de calor la vida;
despierta mis sentidos,
corren del vientre al corazón
llenos de soledad y ternura.
Guardo mis lágrimas
porque nadie las entiende,
para que nadie las vea,
y como una gotera suave pero continua
están hirieron mi ser,
mi pena negra aceituna
y no se de dónde
mi sangre sale fluida.
Pero tú, paso a olivares,
lo sabes de tantas veces
que no vuelvo la cabeza
cuando dejo tu “callejón de piedra”,
y mi aliento tu tierra mancha
viendo que me voy sin vida.
De tanto llorarte a solas,
de luego poner sonrisas
la gente no te adivina, “corazón”,
con sangre negra de aceitunas.