Henry Miller
Poeta recién llegado
Saltan las palabras de mi boca
las palabras que no son nada,
insectos irrevocables, moscas rondando la fruta del ser.
A lo lejos, el aullido de un perro se mete en mi carne.
Siempre he estado aquí,
soy sin nombre, sin carne, sin espacio,
alto como las columnas olvidadas,
eterno como una pera icónica.
La muerte es ya un fantasma
el que fui, el arrodillado niño que perdió la memoria,
no se lamenta mas.
Sube el ser por mi garganta
y la garganta es solo un nombre, una forma de decir que no hay nombres
solo esta marea suave y silenciosa que no despierta ni pernocta,
solo lo presente, lo vibrante, lo único.
Despertando como despiertan las flores en medio del camposanto
solas en una soledad sin cuerpos
turgentes sin parar,
gloriosas de sol y llanto
pertinaces estrellas de miel secreta.
Así vengo despertando
sin rostro, sin ausencia
siempre he estado aqui
soy todo, absolutamente todo.
las palabras que no son nada,
insectos irrevocables, moscas rondando la fruta del ser.
A lo lejos, el aullido de un perro se mete en mi carne.
Siempre he estado aquí,
soy sin nombre, sin carne, sin espacio,
alto como las columnas olvidadas,
eterno como una pera icónica.
La muerte es ya un fantasma
el que fui, el arrodillado niño que perdió la memoria,
no se lamenta mas.
Sube el ser por mi garganta
y la garganta es solo un nombre, una forma de decir que no hay nombres
solo esta marea suave y silenciosa que no despierta ni pernocta,
solo lo presente, lo vibrante, lo único.
Despertando como despiertan las flores en medio del camposanto
solas en una soledad sin cuerpos
turgentes sin parar,
gloriosas de sol y llanto
pertinaces estrellas de miel secreta.
Así vengo despertando
sin rostro, sin ausencia
siempre he estado aqui
soy todo, absolutamente todo.