Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Por la sangre derramada de los
inocentes conocerás en mí, al humano.
inocentes conocerás en mí, al humano.
Por tu hierático nombre
los vientres de las madres beberán
el desierto de los acongojados adioses.
Levantarán la daga y por el nombre
sacro invocarán el sacrificio.
Irracional es la humildad, frente
a las estatuas de la arrogancia.
Desnudos los huesos de la carne tiritan
esperando con ansias y desesperación
la hora marcada en la frente
para reconocer el rostros amado:
Pulvis et umbra sumus*
las memorias en cuartos de oscuros paladares
saborean la carne redimible del inocente.
¡Queremos un paredón!
-Claman los hijos de la bestia-
Donde fusiles bien aceitados
seduzcan en la puntería la noble piel del inocente
con el plomo de su peso.
Las lágrimas que guardó ahogan los silencios.
Dudas, las imprecisas dudas,
yerguen la sangre del oscuro pensamiento.
(No estoy solo, hay complicidad
en el aire que respiro)
El disparo acertado de tus temores
escudriñando la razón.
La vaga sombra de los intrincados
suspiros.
¡Buena puntería!
Arquero mercenario de la historia.
En la oreja del silencio
advierte el cascabeles de la vida:
¡Chis! ¡Chis! la irreverente nada.
En mí, los despojos de la empírica soberbia,
espetando los enigmas de lo impreciso en los sexos.
Los airados pechos, desgajan las pasiones y se vencen.
Se venden, pretendiendo alcanzar
nirvana en el orgasmo vulgar de la carne.
Te rasgan el himen de la ignorancia
con su propaganda oscurantista,
las imágenes diarias paren el simbolismo de lo aprendido.
Tus ojitos de ratón sienten hambre,
hambre de poseer el sigilo de los tiempos adormecidos.
Te desangra el falo del inquisitivo pensamiento,
la idea muerta va pariendo el inesperado convencionalismo.
Te desaguan al romper las paredes de tu incultura
tu existencia aplaude la vaga sensación de estar con vida
expeles el trasnochado pensamiento
y revives las caricias que se enredan
en las células cancerosas del renegado olvido.
¡Hay!, ¡hay...! se queja el útero de tu ignorancia
mientras se estrechan sus paredes y ves parir
la estupidez de la arrogancia en tu mirada.
Se contrae el mutismo
por los túneles oscuros de la indiferencia.
Ineptitud de lo actuado,
el insuperado optimismo en la imagen parca
parrandera de tu visión.
El caballo del Apocalipsis cimienta sus cascos
en el cráneo de las ideas cerradas.
Sangran el pus de la desdicha,
pervertida criatura de inmensa hambre.
Tus colmillos muerden la nada
y se alimentan del las heces las horas estériles.
¡No! NO.
Divagan los sueños.
La libertad en una bala,
mancillando la inocencia del paraíso.
En este atardecer de irreverentes mentiras,
dos almas perdidas en el limbo;
El elefante del recuerdo
no le gusta compartir
el cuarto de la soledad,
con el monito del ocio.
* Pulvis et umbra sumus: Polvo y sombra somos
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:: HOLA!!