Zulma Martínez
Mar azul...
Improvisado arquitecto, rediseñas
tu acotado cubículo, día tras día,
cimentando, tristemente, tu vida
con endeble argamasa de mentiras.
En vano, eriges los frágiles paneles
de engañosas versiones e historias.
Farfullas plegarias a cualquier cielo,
en tanto ruegas por algún final feliz.
Se agrieta el amasijo con los años;
aflora por tus poros sangre amarronada
¿Es que jamás aprendió a latir tu corazón?
Brota una ira incomprensible
de tus ojos marchitos;
se agrisa la piel de tu rostro;
el desprecio te corroe las entrañas.
Ya nadie cree en ti; cayó tu máscara;
el estrépito te ha dejado
desnudo frente al mundo.
En sombríos espejos te reconoces bello.
De tu mente atormentada,
eso es sólo un macabro invento.
Debilitado, aunque aún soberbio,
ensayas nuevos argumentos.
Mientras revuelves los escombros
de tu mísera existencia,
anhelas esa sensación maravillosa: la paz.
¡Vamos... despierta, vive, ama!
Aún es posible, para ti, la felicidad...
tu acotado cubículo, día tras día,
cimentando, tristemente, tu vida
con endeble argamasa de mentiras.
En vano, eriges los frágiles paneles
de engañosas versiones e historias.
Farfullas plegarias a cualquier cielo,
en tanto ruegas por algún final feliz.
Se agrieta el amasijo con los años;
aflora por tus poros sangre amarronada
¿Es que jamás aprendió a latir tu corazón?
Brota una ira incomprensible
de tus ojos marchitos;
se agrisa la piel de tu rostro;
el desprecio te corroe las entrañas.
Ya nadie cree en ti; cayó tu máscara;
el estrépito te ha dejado
desnudo frente al mundo.
En sombríos espejos te reconoces bello.
De tu mente atormentada,
eso es sólo un macabro invento.
Debilitado, aunque aún soberbio,
ensayas nuevos argumentos.
Mientras revuelves los escombros
de tu mísera existencia,
anhelas esa sensación maravillosa: la paz.
¡Vamos... despierta, vive, ama!
Aún es posible, para ti, la felicidad...