DIEGO
Poeta adicto al portal
Duermes la vida en eterno letargo clandestino de trasnochados días, de noches silenciosas. No aceptas seducción de la alegría, de soles vivos, de risas contagiosas.
Transitas por el mundo confundiendo tragos amargos con verdad absoluta.
Hay caudales de ríos memoriosos que ahogan los placeres de tu alma. Han borrado los recuerdos bellos, la música marchosa que inundaba todo y al compás de sus notas que generaba la chispa de tu mundo, el mundo de tus cosas. Una vez disfrutaste tus vivencias que han quedado sumidas en olvido. Enterradas por lápidas pesadas que quitaron la luz a tus sentidos.
-Diecinueve- me dices, -sólo tengo, y ni miras de seguir creciendo-
Caminas cual giróvaga escapando de todo lo que sea luminoso, tu único placer es del sopor que acumulado consigo trae el sueño.
Basta ya de hurgar en lo profundo, sube a la superficie, ¡la vida te reclama!
Deshazte de los brazos de Morfeo que te quiere durmiendo a hora temprana.
Incendia tu camino con las lavas devenidas del caldero del averno. Que se quemen tus pies, hierva tu sangre y expulsada se lance al fuego eterno.
Copula con los cantos melodiosos que por la serranía arrastra el viento, para poder parir entre los ríos canciones nuevas de encendido acento.
Deja que fluya el cuerpo en gritos ondulantes, gemidos indecentes, ruidos desesperantes.
Cambia el destino que selló tu suerte, que para dormir, ¡tienes la muerte!
Transitas por el mundo confundiendo tragos amargos con verdad absoluta.
Hay caudales de ríos memoriosos que ahogan los placeres de tu alma. Han borrado los recuerdos bellos, la música marchosa que inundaba todo y al compás de sus notas que generaba la chispa de tu mundo, el mundo de tus cosas. Una vez disfrutaste tus vivencias que han quedado sumidas en olvido. Enterradas por lápidas pesadas que quitaron la luz a tus sentidos.
-Diecinueve- me dices, -sólo tengo, y ni miras de seguir creciendo-
Caminas cual giróvaga escapando de todo lo que sea luminoso, tu único placer es del sopor que acumulado consigo trae el sueño.
Basta ya de hurgar en lo profundo, sube a la superficie, ¡la vida te reclama!
Deshazte de los brazos de Morfeo que te quiere durmiendo a hora temprana.
Incendia tu camino con las lavas devenidas del caldero del averno. Que se quemen tus pies, hierva tu sangre y expulsada se lance al fuego eterno.
Copula con los cantos melodiosos que por la serranía arrastra el viento, para poder parir entre los ríos canciones nuevas de encendido acento.
Deja que fluya el cuerpo en gritos ondulantes, gemidos indecentes, ruidos desesperantes.
Cambia el destino que selló tu suerte, que para dormir, ¡tienes la muerte!