Después de amar

Amarte fue un incendio sin cautela,
pero al final quedó la brasa tibia,
el canto de la luna y de la lluvia,
la sabia que madura en la arboleda.

Y allí sin poseer, sin voz que duela,
mi pecho halló la paz que lo equilibra,
el pulso sin urgencia que calibra,
el alma sin cadenas que la anhela.​
Muchos conocemos la intensidad y la pasión que puede desencadenar el amor.
Es el resultado de tan dulce sensación.

Saludos
 

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