Porque conocí a una persona así, siempre estuvo enamorada de mi abuelo, siempre, siempre. Se conocieron cuando mi viejo llegó como uno de los fundadores de la Colonia "Escuadrón 201", en la Ciudad de México. Mi viejo alto, blanco, guapo, de ojos hermosos, hijo de españoles, ella de fina cuna pero venida a menos por causas de la revolución ... eran los 70s, y en mi mirar de adolescente lo vi: le contemplaba discretamente cuando mi abuela se distraía sin notarlo siquiera, "¡lo ama!" Me dije. Mi abuelo era un caballero y no tenía ojos más que para su viejita, una linda dama de procedencia humilde, indígena pura, 1.50 de estatura pero de inmenso carácter. "¡A donde vas Alberto!" "¡Pues a echarme mi pulquito!" (El pulque es un derivado del maguey, bebida fermentada embriagante por su buen contenido de alcohol), "¡Trae acá la pistola!" A regañadientes se la entregaba. Mi abuelo, ¡ese guerrero de la Revolución Mexicana, que lucho por sus ideales y recibió sendos balazos que no lo mataron y jamás se dejaría desarmar, antes la vida, le entregaba frente de mid ojos, su nieto, la pistola a su pequeña esposa!" Cabe decir que mi viejo media 1.92 MTS. "¡Ora sí, que dios te cuide, no tardes!" "¡Bah!" Refunfuñaba... Ese amor secreto lo alimentaba la "señorita", cruzando la calle frente de su casa para ir a la de mis abuelos, que ya la combidadita de un guisado, o un trozo de pastel, o la simple compañia del platicar con mi abuela. Cualquier pretexto era bueno para venir y alimentar esa ilusión perenne de mi abuelo. Yo no decía nada por respeto ¡es qué me admiraba ver su admiración a él! Cuando murió la señorita que vivía sola en la gran casa de enfrente, vinieron a verla sus familiares pues tenía días de no contestar el teléfono. Llegó una ambulancia que decía "Forense", y para ella todo acabó. Las pesquisas indicaron que había sufrido un infarto, pero no murió de inmediato; al desvanecerse se golpeó en la cabeza y sangro profusamente. Estuvo después consciente un tiempo hasta que sucumbió. Los vecinos de a lado creyeron escuchar una voz débil que gritaba, pero no le dieron mayor importancia. Yo me he preguntado siempre, ¿diría ella el nombre de mi abuelo? "Quizás, se despidió con su último aliento del amor de una vida que nunca fue"... Si amigo mío, hay quien sólo ama una vez.
... Un día, ya yo adulto (mi abuelo vivió 92 años y mi viejita 87), le pregunté a mi abuela con todo el respeto, si nunca notó que la señorita (perdón por no recordar su nombre), amaba a mi abuelo, "¡si mijo, siempre lo supe!" Me quedé azorado. "¡Pero también siempre supe que mi viejo siempre me quiso mucho a mí!"
... Me quedé con un silencio en mi pecho mirando su rostro arrugado que con su sonrisa se hizo fresco, luminoso y casi con tex infantil...
Muchas gracias, un placer saludarte con este abrazo jubiloso desde México,
Anthua62