emiled
Poeta adicto al portal
Destellos (tercetos de desolación)
I-
¿Cuánto he de esperar para en tu frente ver
coronadas del alba las blancas hebras de tu lira?
¡Oh musa! ¡En tu cielo mis versos sólo humo deben ser!
¡Sólo nieblas que desmadejan los bosques de ira!
Alcé de los pechos de la muerte el elixir olvidado
del amor, en los blancos altares el mármol de la mentira.
¡Pinté las tumbas del amor en un bosquejo olvidado!
Pintor fui, Da Vinci de los negros páramos del alma,
y supe sollozar en la plaza bajo los muros desolados.
¡Oí las voces del diablo en el monte pidiendo calma!
Yo te alzaré cuando hayas perecido en la guerra,
bajo histriónicos rayos etéreos levantaré tu arma
En mis días de llanto bañé un poco más la tierra
de ese agridulce rocío que en los sepulcros se ve,
llené las fuentes del dolor bajo los ríos de la sierra.
II-
¡El dolor de ver morir las pompas del sueño en otoño!
el sueño de versos grises que semejan despedidas
del albor de un diamantino cielo en un frío retoño,
el de ver morir flores violetas en las repetidas
ausencias del alba en los cristales de la mañana,
en alas del rocío bajo muertes florecidas;
y así, danzando la parca, llega a mi gris ventana
mientras cava las hondas fosas donde duermen los sueños,
donde anhelan llegar a la dorada umbría lejana.
¡La impaciencia de ver a los lebreles ser dueños
de la planicie del tiempo en los espíritus áridos!
De aquellos que en frascos duermen los ensueños.
¡El asco de ver nieve en jardines de estío cálidos!
De llenar de humo los pulmones de la desolación,
o de ver rubios claveles en el campo, pálidos.
III-
¡Un gran destello corre a exiliarse en los valles!
Se aleja ya, con el último soplo del día,
y Selene se instala en los altísimos muelles.
Corro como Febo pero no hallo el mediodía,
desentierro arpas olvidados en mi tierra helada
de infaustos navíos que exhalan al alba fría;
¡Encuentro el abismo en acordes de una triste balada!
Y me hundo en el elixir del llanto, ¡oh ríos!,
donde busco el incienso último de la alborada.
¡Mis musas son las tardes de lágrimas bajo rayos fríos!
Mis liras son los blancos muelles de desolación
de aquellas mañanas en que se refugian los estíos;
de aquellos breves destellos de gris contemplación
en que llaman los vientos a las musas del Olimpo;
¿será para mí que en el monte suena esa canción?
E.R.D
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