rodrigotoro
Poeta adicto al portal
.Alejandra despertaba súbitamente: En su rostro una copiosa transpiración acusaba lo intransigente de aquella pesadilla. Era como si Morfeo, en una noche de farra, deambulara por los sótanos de la lúgubre ensoñación.
Se restregó las mejillas con las palmas, de suaves contornos y delicadas formas tamizadas con esa piel blanquecina como la leche. Aún su corazón latía rápido, en un delirante galope como la carga de caballería de Aquiles mismo; respiró hondo, oxigenando sus pulmones. Y finalmente, cuando su conciencia estaba suficientemente recompuesta, luego de ese desafortunado evento onírico, se tiró desde la cama. Se atavió con una bata negra, su color favorito. No podía saberlo bien, pero aquel color, señor absoluto de casi todas las manifestaciones ocres y soterradas, producía en su ánimo un bienestar generoso; Como si la noche misma se señoreaba en su ánimo con grandilocuencia y potestad perennes.
Se dirigió hacia el cuarto de baño, y una vez abierto el grifo y derramado su cristalino contenido, se desnudó: pudo verse su torso y caderas bien formadas. Su acinturada y esbelta figura se recortaron como un collage de blanco y negro al caer el cabello sobre su espalda.
Se introdujo en el agua. Costó trabajo para acostumbrarse a la temperatura de ésta, pero superada la sensación térmica se arrellenó en la bañera.
En ella, recostó su cabeza en el borde de loza.
Volvió a respirar; Cerró los ojos, buscando relajarse y terminar de desechar de su ánimo la resaca de aquélla pesadilla ininteligible Pero otra vez vino a su mente aquélla imagen: aquéllos ojos, aquéllos labios Era ese rostro de marcada belleza estrambótica, tan propia del estilo gótico. Su corazón volvió a acelerarse: Era inequívocamente la causa de todo su sobresalto. Volvió a recorrer cada milímetro de esas facciones Sus ojos verdes, su nariz pequeña y delicada, su boca delgada, siempre tan dispuesta a sonreír; Sus parpados pintados a la usanza de lo que dictaba la moda, y su cabello, desordenado y sedoso, como una corona que realzaba aún más todo ese cuadro de hermosura tan marginal y exóticamente angelicál .Era ella, no cabía dudas.
Pero Alejandra había dejado todo eso atrás: con el último instante del chat, sitio que viera nacer, germinar, madurar y extinguirse, como el ciclo de una mariposa, aquella imagen. La había visto perderse en el silencio de una pantalla de ordenador que se apaga, de una cama web que se cierra. Pero estaba allí: otra vez, robándole la calma y secuestrando sus ganas de vivir otra vez, con la fuerza de un ave rapaz que se llevaría otra vez su corazón .
Esa personita se llamaba Vianney, y era la mujer por la que ella había aprendido lo que significaba la palabra amor ..
Se restregó las mejillas con las palmas, de suaves contornos y delicadas formas tamizadas con esa piel blanquecina como la leche. Aún su corazón latía rápido, en un delirante galope como la carga de caballería de Aquiles mismo; respiró hondo, oxigenando sus pulmones. Y finalmente, cuando su conciencia estaba suficientemente recompuesta, luego de ese desafortunado evento onírico, se tiró desde la cama. Se atavió con una bata negra, su color favorito. No podía saberlo bien, pero aquel color, señor absoluto de casi todas las manifestaciones ocres y soterradas, producía en su ánimo un bienestar generoso; Como si la noche misma se señoreaba en su ánimo con grandilocuencia y potestad perennes.
Se dirigió hacia el cuarto de baño, y una vez abierto el grifo y derramado su cristalino contenido, se desnudó: pudo verse su torso y caderas bien formadas. Su acinturada y esbelta figura se recortaron como un collage de blanco y negro al caer el cabello sobre su espalda.
Se introdujo en el agua. Costó trabajo para acostumbrarse a la temperatura de ésta, pero superada la sensación térmica se arrellenó en la bañera.
En ella, recostó su cabeza en el borde de loza.
Volvió a respirar; Cerró los ojos, buscando relajarse y terminar de desechar de su ánimo la resaca de aquélla pesadilla ininteligible Pero otra vez vino a su mente aquélla imagen: aquéllos ojos, aquéllos labios Era ese rostro de marcada belleza estrambótica, tan propia del estilo gótico. Su corazón volvió a acelerarse: Era inequívocamente la causa de todo su sobresalto. Volvió a recorrer cada milímetro de esas facciones Sus ojos verdes, su nariz pequeña y delicada, su boca delgada, siempre tan dispuesta a sonreír; Sus parpados pintados a la usanza de lo que dictaba la moda, y su cabello, desordenado y sedoso, como una corona que realzaba aún más todo ese cuadro de hermosura tan marginal y exóticamente angelicál .Era ella, no cabía dudas.
Pero Alejandra había dejado todo eso atrás: con el último instante del chat, sitio que viera nacer, germinar, madurar y extinguirse, como el ciclo de una mariposa, aquella imagen. La había visto perderse en el silencio de una pantalla de ordenador que se apaga, de una cama web que se cierra. Pero estaba allí: otra vez, robándole la calma y secuestrando sus ganas de vivir otra vez, con la fuerza de un ave rapaz que se llevaría otra vez su corazón .
Esa personita se llamaba Vianney, y era la mujer por la que ella había aprendido lo que significaba la palabra amor ..