Quizá conocerte fue casualidad
algo que el tiempo no tenía previsto,
un no sé qué perdido en la oscuridad
en medio de un final que nunca se ha escrito.
El destino quizá es el siguiente paso
ese segundo que nunca se percibe
por lo rápido que ha llegado el ocaso
y por lo que se da y nunca se recibe.
Ni destino, ni casualidad, ni suerte.
Son momentos que se guardan en el alma,
que van incluso más allá de la muerte
aunque al final todo terminará en calma.