Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Le encantaba sentarse en las lindes de cualquier poema a mirar el copular de la tarde con el horizonte. Me encantaba ver como movía sus piernas mientras miraba como de aquello, de lo que veía, nacían las noches con su piel morena, con sus lunares de lucero, con su luna de anzuelo y sus sueños de carnada.
Desde aquel día, cuando vertió esas lágrimas que rodaron a mis labios, supe que su ser tendría la lejanía del mar, la brevedad de espuma, el malestar de un grano de arena en el ojo y el dolor de la sal en las heridas. Ese día sin hacerme a la mar conocí el sabor de todos los mares.
Su destino a mi lado no estaba en la palma de mi mano, quiero creer que por eso al verse en mis ojos cual si fuera la bola de mirar la suerte lloró en silencio y apretó mi puño intentando que las uñas abrieran otra línea en donde los dos cupiéramos.
Hoy, después de tanto y todo, no hay día con su noche que no busque en el aire, en la cábala, en las letras de otros el conjuro que me lleve a esa tarde a bajarle del poema y sentarle en mis piernas y besarle y quedarme sin aire en el aliento hasta dejar fija y sin brillo la mirada, hasta soltar el lastre de mi alma y quedarme en su vida como una ola, o una falla en la tarde o en el horizonte …
Due 30.10.12 en una tarde en la que las nubes cubren el rostro de la luna y las mariposas de mi estomago aúllan su nombre y nadie oye, y nadie escucha.
Nota 1. Hablar con la boca llena es muy desagradable, hablar con la cabeza vacía es peor...
Nota 2. Este Halloween me voy a disfrazar de llamada perdida de mi novia... eso si da miedo...tsst
Nota 3.
-Amor, tengo poco saldo, pero llámame.
-¡¿Ya mamasteee?!
-¡¡¡NOOO..!!!
-¡tú lo dijiste...!
-Deja que te explique, dije ; llá-ma-me.
-¡maldita! y ¿porqué a mi no?...
- Clic..
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