Alex Courant
Poeta adicto al portal
Desprendimiento
Ha caído una hoja en su última hora,
iba sangrando el viento en su apresura,
el suelo en el que cae febril dora
su piel dorada con coral ventura.
Ya no finge de pájaros y aurora,
ni de un cabello más en la espesura,
no quiso al tiempo cual fugaz gobierno,
ni a la vejez por su perpetuo invierno.
Al horizonte
Cada noche es la barca a la deriva
que parte a los espejos de semblanza
y en su velamen abroquela, altiva,
entre el todo y la nada, la alabanza.
¿Noche por qué tu barca es tan esquiva
con esa pescadora y su gran lanza,
que sólo en nuestros ojos nos entrega
la lágrima insepulta, muda y ciega?
La estatua de la fuente
Sus manos son los cántaros sembrados
que hablan del agua en líquido mutismo,
sus ojos como joyas, vivos prados,
silencian al silencio entre sí mismo.
Triste canción sus pechos fatigados
que se alzan como rosas al abismo:
como prueba estarán del que no debe
del que no está sediento pero bebe.
Lluvia
Destapando el brocal del pozo zarco,
de un millar que atesora gris el cielo,
sin gentileza, ni remanso en vuelo,
viene en millares con un juego parco
para formar el muladar del charco
donde la apuesta es impugnar al suelo
la inexpugnable sombra de los días:
¡Falacia suma de melancolías!
La golondrina
Partió lejano día de la encina,
llevada al viento por su negro manto,
cruzó valles, el monte y la colina,
atravesó a los mares y su llanto.
Pues así iba, iba así, la golondrina,
detenida en semáforos de espanto,
hasta que en la conífera asfaltada
quiso posarse y se posó en la nada.
Ha caído una hoja en su última hora,
iba sangrando el viento en su apresura,
el suelo en el que cae febril dora
su piel dorada con coral ventura.
Ya no finge de pájaros y aurora,
ni de un cabello más en la espesura,
no quiso al tiempo cual fugaz gobierno,
ni a la vejez por su perpetuo invierno.
Al horizonte
Cada noche es la barca a la deriva
que parte a los espejos de semblanza
y en su velamen abroquela, altiva,
entre el todo y la nada, la alabanza.
¿Noche por qué tu barca es tan esquiva
con esa pescadora y su gran lanza,
que sólo en nuestros ojos nos entrega
la lágrima insepulta, muda y ciega?
La estatua de la fuente
Sus manos son los cántaros sembrados
que hablan del agua en líquido mutismo,
sus ojos como joyas, vivos prados,
silencian al silencio entre sí mismo.
Triste canción sus pechos fatigados
que se alzan como rosas al abismo:
como prueba estarán del que no debe
del que no está sediento pero bebe.
Lluvia
Destapando el brocal del pozo zarco,
de un millar que atesora gris el cielo,
sin gentileza, ni remanso en vuelo,
viene en millares con un juego parco
para formar el muladar del charco
donde la apuesta es impugnar al suelo
la inexpugnable sombra de los días:
¡Falacia suma de melancolías!
La golondrina
Partió lejano día de la encina,
llevada al viento por su negro manto,
cruzó valles, el monte y la colina,
atravesó a los mares y su llanto.
Pues así iba, iba así, la golondrina,
detenida en semáforos de espanto,
hasta que en la conífera asfaltada
quiso posarse y se posó en la nada.