Alexiz
Poeta adicto al portal
Describí puntual y colosal,
tu mente. Yo descubrí, tal cual,
impertérrito el presente.
Mínimo, minúsculo... potente.
Irreverente, tú, mi comensal;
¡maldito tú que me haces mal!
Derruyes mi debilidad de puente,
arco viejo anclado al horizonte,
cuerno de pétreo mastodonte
que abres heridas estridentes...
¡Si soy mortal y no inmortal!
si soy de carne y sal y agua,
si no me labran piedra de cantera.
Si por vivir contento a las afueras,
rodeábanme siempre hambrientas fieras.
Pero tú, mi comensal puntual
y siempre ordenado,
destructivo ciclón endemoniado...
por mal que me hiciste tantos años
me regalas con violencia
la sangre de rebaños
para expiar mi muerte con la suerte.
Dábame fuerza tu locura
dábame hambre tu potencia:
se volvieron presas
los cazadores de cabezas...
¡y me quedé con mi cabeza
y sus cabezas!
tu mente. Yo descubrí, tal cual,
impertérrito el presente.
Mínimo, minúsculo... potente.
Irreverente, tú, mi comensal;
¡maldito tú que me haces mal!
Derruyes mi debilidad de puente,
arco viejo anclado al horizonte,
cuerno de pétreo mastodonte
que abres heridas estridentes...
¡Si soy mortal y no inmortal!
si soy de carne y sal y agua,
si no me labran piedra de cantera.
Si por vivir contento a las afueras,
rodeábanme siempre hambrientas fieras.
Pero tú, mi comensal puntual
y siempre ordenado,
destructivo ciclón endemoniado...
por mal que me hiciste tantos años
me regalas con violencia
la sangre de rebaños
para expiar mi muerte con la suerte.
Dábame fuerza tu locura
dábame hambre tu potencia:
se volvieron presas
los cazadores de cabezas...
¡y me quedé con mi cabeza
y sus cabezas!
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