kandarpa
Poeta recién llegado
No más que a novescientas ilusiones del Big Bang,
Las lejanas estrellas medían un firmamento trivial.
No pues, quise y a lo loco, deshuesar, el trozo,
De una tarta que anhelaba sinfonías catastróficas, no quizás,
Las lenguas que desatadas te abren el criticar, sin mascar,
No sé, las noches en tu piel son como veneno, dí pues,
Qué retorcer en nuestros fueros, los pergaminos están allí,
Contesta tal vez, a mis preguntas sobre discursos, ya ves,
Que el populacho quiere guerra, y la van a tener,
Los días corren malhumorados y el vino no es gratis, qué hacer pues,
Las golondrinas usurpan la miel de mis cabellos, dí tú,
Qué golosinas son para mí, en derrotas aseguradas,
No sé yo, si las veces que te amé tu me amabas,
Comienza pues, a no perder la calma y ya desatada,
Tropiezas tal vez, con mis labios anudados;
No distingas por favor, si mi piel es de flor o Sol,
Pero las rectas alforjas vienen rápido;
Lamenta el ácido, y sube la copa,
Que brindaremos por el pánico,
Que tu cara provoca. No me mires así,
Las luces se apagan con ese jazmín,
Que entre aguas mojadas creen verte, sí;
Ya ves como las antorchas del repliegue,
Encuentran el agua que por acueductos se tuerce;
Llamaremos al Sol con un grito de calor,
Indignados por una derrota en el salón,
Escupiremos ese asqueroso sabor.
Las lagunas vienen a rodearnos con su arcoiris,
El pentagrama ya suena como un pis,
Cayendo en la usurpada queja de un arlequín.
No contraigamos matrimonio antes,
De que brindemos por la libertad.
Apostemos fuerte y ya verás,
Como con delirios llegamos a ganar.
El pecho me escuece como quemazón,
Una herida plateada me abre el corazón;
A la anchura de mi mirada,
Le dí color, pues qué duda cabe,
De que no veremos al Uno ni al dos.
Por lo que se refiere a las estancias del capitolio,
No podría encontrar mejor soborno,
Que apostar al tres, diez fichas más.
Pero si contraemos matrimonio,
Hemos de regresar, al galope,
Hacia tierras del más allá.
Las lejanas estrellas medían un firmamento trivial.
No pues, quise y a lo loco, deshuesar, el trozo,
De una tarta que anhelaba sinfonías catastróficas, no quizás,
Las lenguas que desatadas te abren el criticar, sin mascar,
No sé, las noches en tu piel son como veneno, dí pues,
Qué retorcer en nuestros fueros, los pergaminos están allí,
Contesta tal vez, a mis preguntas sobre discursos, ya ves,
Que el populacho quiere guerra, y la van a tener,
Los días corren malhumorados y el vino no es gratis, qué hacer pues,
Las golondrinas usurpan la miel de mis cabellos, dí tú,
Qué golosinas son para mí, en derrotas aseguradas,
No sé yo, si las veces que te amé tu me amabas,
Comienza pues, a no perder la calma y ya desatada,
Tropiezas tal vez, con mis labios anudados;
No distingas por favor, si mi piel es de flor o Sol,
Pero las rectas alforjas vienen rápido;
Lamenta el ácido, y sube la copa,
Que brindaremos por el pánico,
Que tu cara provoca. No me mires así,
Las luces se apagan con ese jazmín,
Que entre aguas mojadas creen verte, sí;
Ya ves como las antorchas del repliegue,
Encuentran el agua que por acueductos se tuerce;
Llamaremos al Sol con un grito de calor,
Indignados por una derrota en el salón,
Escupiremos ese asqueroso sabor.
Las lagunas vienen a rodearnos con su arcoiris,
El pentagrama ya suena como un pis,
Cayendo en la usurpada queja de un arlequín.
No contraigamos matrimonio antes,
De que brindemos por la libertad.
Apostemos fuerte y ya verás,
Como con delirios llegamos a ganar.
El pecho me escuece como quemazón,
Una herida plateada me abre el corazón;
A la anchura de mi mirada,
Le dí color, pues qué duda cabe,
De que no veremos al Uno ni al dos.
Por lo que se refiere a las estancias del capitolio,
No podría encontrar mejor soborno,
Que apostar al tres, diez fichas más.
Pero si contraemos matrimonio,
Hemos de regresar, al galope,
Hacia tierras del más allá.