la musica en los balcones
Poeta recién llegado
Dia 13,...Superstición.
Sólo he bajado dos pisos, me cruzo con la vecina.-Buenos días, antes de contestarle, gira la cabeza hacia la derecha y estornuda, salud, le digo al modo egipcio.
En realidad yo no creo en los actos apotopraicos, como, tocar madera, cruzar los dedos ó santiguarse, pero hoy, en vez de buenos dias, he contestado, salud, y me ha dado las gracias, una superstición disfrazada de amabilidad que se ha quedado para siempre entre nosotros.
Esto hace preguntarme, ¿donde estará mi deseo?, el que pedí aquella noche, ¿te acuerdas?, tu me dijiste que no podías decirme el tuyo, que si lo hacías, no se cumpliría, yo en cambio te lo dije, no se si lo oiste, lo hice con los ojos cerrados, mientras te besaba.
Desde entonces no he vuelto a ver nunca más una estrella fugaz, la próxima vez que vea una, prometo no decírtelo, pediré mi deseo en voz alta, de todos modos no podrás oirme, mi deseo no se cumplió, a no ser que tu pidieras lo mismo, pero no lo creo.
Salgo del portal y me encuentro una moneda, son solo veinte céntimos, ¿pero y si fuera la misma que lanzamos de espalda a la fontana de Trevi?, pero no creo, aquel deseo si se cumplió, estoy dudando que hacer con ella, pero no tengo mucho tiempo para pensar, mi amigo Fernando se la ha llevado con el resto de chatarra que quedaba en el bolsillo, se que lo necesita para irse de viaje, aunque no sea precisamente a Roma.
No soy supersticioso, pero me gustan las castañas.
Sólo he bajado dos pisos, me cruzo con la vecina.-Buenos días, antes de contestarle, gira la cabeza hacia la derecha y estornuda, salud, le digo al modo egipcio.
En realidad yo no creo en los actos apotopraicos, como, tocar madera, cruzar los dedos ó santiguarse, pero hoy, en vez de buenos dias, he contestado, salud, y me ha dado las gracias, una superstición disfrazada de amabilidad que se ha quedado para siempre entre nosotros.
Esto hace preguntarme, ¿donde estará mi deseo?, el que pedí aquella noche, ¿te acuerdas?, tu me dijiste que no podías decirme el tuyo, que si lo hacías, no se cumpliría, yo en cambio te lo dije, no se si lo oiste, lo hice con los ojos cerrados, mientras te besaba.
Desde entonces no he vuelto a ver nunca más una estrella fugaz, la próxima vez que vea una, prometo no decírtelo, pediré mi deseo en voz alta, de todos modos no podrás oirme, mi deseo no se cumplió, a no ser que tu pidieras lo mismo, pero no lo creo.
Salgo del portal y me encuentro una moneda, son solo veinte céntimos, ¿pero y si fuera la misma que lanzamos de espalda a la fontana de Trevi?, pero no creo, aquel deseo si se cumplió, estoy dudando que hacer con ella, pero no tengo mucho tiempo para pensar, mi amigo Fernando se la ha llevado con el resto de chatarra que quedaba en el bolsillo, se que lo necesita para irse de viaje, aunque no sea precisamente a Roma.
No soy supersticioso, pero me gustan las castañas.