la musica en los balcones
Poeta recién llegado
Me alejé del sol por un tiempo de una forma drástica, debía proteger las heridas en carne viva de mis sentimientos, envolví mi alma en pomada y plástico, borrando llorando, lágrima a lágrima, la tinta casi indeleble de las huellas que tus dedos dejaron, como un tatuaje dibujado, sobre la piel de mi cuerpo, sufriendo y pagando el peaje del adiós a tu olvido, no me llames, te lo pido, que he cambiado de brazos, para protegerme el alma, que he cambiado de camino, no me busques, te lo pido, no remuevas en mi olvido, que he cambiado de estrategia, no persigo, soy la presa con los labios de fresa, que inverna tranquila y segura en otra boca que me besa con ternura y pasión, no me urges la razón, que he cambiado de historia de carta de buzón y al remite de mis besos le cambié la dirección, no me escribas que no leo, ni mando caricias a cobro revertido, las tengo franqueadas, regaladas, sin pago ni recibos, no me llames te lo pido y mucho menos ahora, que he cambiado de luna, de estrellas y de aurora, ahora que me siento arrastrada por la lluvia torrencial de la pasión, arrastrada por el verbo hecho hombre, que me cubre de lujuria y me arrastra hasta su cuerpo partiéndome en dos la razón, no me busques, no me llames, que tengo comunicando al corazón y no tengo activado el modo, llamada en espera, y menos para llamadas como la tuya de desesperación. Arrastrada soy, y me dejo llevar por un bello muestrario catálogo de amor, igual que arrastré mi vida, que se me iva, alejandola de tu caos y de tu locura de amor, arrastrada voy por la felicidad, lo mismo que se arrastra tu orgullo cuando me llamas con la excusa de tan sólo preguntar, que tal estás, que tal te va, me he acordado de ti y bla bla bla bla bla.
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