la musica en los balcones
Poeta recién llegado
Hoy el invierno se asoma tímido por el paraíso, la debilitada lluvia se esfuerza por querer ser protagonista, pero no lo es, es una agradable secundaria que aparece en escena como un bálsamo revitalizador que da sosiego y limpia la embarullada trama de los dias, pero nada más.
La primavera, que se veia instalada como de costumbre en la suite real, este año con mas equipaje del habitual, ilusionada, con algunos juguetes nuevos dispuesta para entergarse y derrochar pasión y lujuria, está protestando enfadadisima en el living de recepción; en un intento de hacer entrar en razón al probe empleado, con el dedo levantado señala a sus espaldas sin mirar, la panorámica de la calle, su tono aunque elevado es educado por eso impresiona mas, cuando ya dió por concluida su exposición y todo parecía indicar que, sin que sirviera de precedente, cambiaria de habitación, alzó la vista y me miró, me vió apoyado en el mostrador rojo de la barra del piano bar, yo estaba allí esperando como su mejor cliente, el primero, casi tres dias antes de la cita, se me quedó mirando fijamente, y sin dejar de mirarme, miró una acogedora rinconera tapizada en terciopelo rojo que medio abrazaba a una pequeña mesa redonda, solo iluminada muy tenue por la luz de una vela, y con la mirada, sin esperar mi respuesta, caminó hacia ella provocadoramente, y me invitó a sentarme.
Y a mi lado la tengo con un bloody Mary en la mano, hablándome, mirándome, susurràndome cosas incofesables y poniéndome cachondo sin tocarme ni besarme, mi cita es el viernes a las 12 menos cuarto. Pero eso si, como dice que su nueva habitación no le gusta, promete quedarse conmigo bebiendo y emborrachàndose a esperarse. Tres noches de trasnoche, calentón y borrachera con la primavera, eso es lo que me espera. Pero después gozaré de 92 dias de desbocada furia, de desenfreno y derroche, y de locura y pasión a su vera.
La primavera, que se veia instalada como de costumbre en la suite real, este año con mas equipaje del habitual, ilusionada, con algunos juguetes nuevos dispuesta para entergarse y derrochar pasión y lujuria, está protestando enfadadisima en el living de recepción; en un intento de hacer entrar en razón al probe empleado, con el dedo levantado señala a sus espaldas sin mirar, la panorámica de la calle, su tono aunque elevado es educado por eso impresiona mas, cuando ya dió por concluida su exposición y todo parecía indicar que, sin que sirviera de precedente, cambiaria de habitación, alzó la vista y me miró, me vió apoyado en el mostrador rojo de la barra del piano bar, yo estaba allí esperando como su mejor cliente, el primero, casi tres dias antes de la cita, se me quedó mirando fijamente, y sin dejar de mirarme, miró una acogedora rinconera tapizada en terciopelo rojo que medio abrazaba a una pequeña mesa redonda, solo iluminada muy tenue por la luz de una vela, y con la mirada, sin esperar mi respuesta, caminó hacia ella provocadoramente, y me invitó a sentarme.
Y a mi lado la tengo con un bloody Mary en la mano, hablándome, mirándome, susurràndome cosas incofesables y poniéndome cachondo sin tocarme ni besarme, mi cita es el viernes a las 12 menos cuarto. Pero eso si, como dice que su nueva habitación no le gusta, promete quedarse conmigo bebiendo y emborrachàndose a esperarse. Tres noches de trasnoche, calentón y borrachera con la primavera, eso es lo que me espera. Pero después gozaré de 92 dias de desbocada furia, de desenfreno y derroche, y de locura y pasión a su vera.