abcd
Poeta adicto al portal
Mis almas niñas corren,
huyen de sus pies, de la arena descalza,
se van por el sol a ser una cota del sol,
ya son tan autistas como novelescas mis soledades.
Mueven sus brazos para brotar alas,
sus tímidas carencias son siempre tirarse a descansar.
Inmunes al viento y a la erosión de las lágrimas,
su hostilidad es respirar bajo el agua,
que es como enamorarse,
que es ser una serpiente en un ángel en trance.
La dirección de sus sueños linda con las pesadillas de mi espejo,
si me veo despierto quiero soñar,
y si cierro los ojos mis niños se alejaran,
y yo también, yo no tan bien entonces.
Carece de olvido póstumo el hecho de haber volado,
transgredir leyes no es inmoral.
Quisiera que los años no me arrebaten tantos sueños,
ya casi no me quedan niñas almas
y en las pupilas el blanco es solo un blanco mas.
Alguien pronto disparara
y el miedo será despertar para soñar.
Una esperanza o dos cobija la naturaleza del mundo,
seguramente una flor nacera del pecho y otra en el pantalón,
el motor humano es básico
y se deja agredir con sencillos estímulos.
Después de todo y antes que nada
toda fantasía es siempre pura al infortunio de no saber amar.
Uno a uno fui perdiendo mis niños,
pasaron silbando, llorando
o simplemente ignorando su alter ego.
Alguno me saludo y recordo tardes felices
en las que hacer un gol era toda la entropía del corazón.
¿Sabes sanar? Yo no.
¿Sabes pintar una sonrisa sin piedad? Yo si.
¿Podes amar?...
Tenemos libros sordos
que nos enseñan a penar entre aullidos lobeznos,
también poseemos
como buenos aristócratas del dolor
cuchillas
que alivian el acto de la espera
en un rojizo libido espiral.
Recuerdo verles sonreír y gemir
tendidos en girasoles multicolores,
recuerdo abrirle campos de estrellas a su ingenuidad,
ordenarle los besos, versos,
cicatrizarle los verbos antes de preguntar.
Pero hoy mis niños
tienen los dedos enfermos en pecado,
tienen cuentos con princesas violadas
y un absurdo sindicalismo con las sombras
que hacen sagrada libertad
al odio y al rencor.
huyen de sus pies, de la arena descalza,
se van por el sol a ser una cota del sol,
ya son tan autistas como novelescas mis soledades.
Mueven sus brazos para brotar alas,
sus tímidas carencias son siempre tirarse a descansar.
Inmunes al viento y a la erosión de las lágrimas,
su hostilidad es respirar bajo el agua,
que es como enamorarse,
que es ser una serpiente en un ángel en trance.
La dirección de sus sueños linda con las pesadillas de mi espejo,
si me veo despierto quiero soñar,
y si cierro los ojos mis niños se alejaran,
y yo también, yo no tan bien entonces.
Carece de olvido póstumo el hecho de haber volado,
transgredir leyes no es inmoral.
Quisiera que los años no me arrebaten tantos sueños,
ya casi no me quedan niñas almas
y en las pupilas el blanco es solo un blanco mas.
Alguien pronto disparara
y el miedo será despertar para soñar.
Una esperanza o dos cobija la naturaleza del mundo,
seguramente una flor nacera del pecho y otra en el pantalón,
el motor humano es básico
y se deja agredir con sencillos estímulos.
Después de todo y antes que nada
toda fantasía es siempre pura al infortunio de no saber amar.
Uno a uno fui perdiendo mis niños,
pasaron silbando, llorando
o simplemente ignorando su alter ego.
Alguno me saludo y recordo tardes felices
en las que hacer un gol era toda la entropía del corazón.
¿Sabes sanar? Yo no.
¿Sabes pintar una sonrisa sin piedad? Yo si.
¿Podes amar?...
Tenemos libros sordos
que nos enseñan a penar entre aullidos lobeznos,
también poseemos
como buenos aristócratas del dolor
cuchillas
que alivian el acto de la espera
en un rojizo libido espiral.
Recuerdo verles sonreír y gemir
tendidos en girasoles multicolores,
recuerdo abrirle campos de estrellas a su ingenuidad,
ordenarle los besos, versos,
cicatrizarle los verbos antes de preguntar.
Pero hoy mis niños
tienen los dedos enfermos en pecado,
tienen cuentos con princesas violadas
y un absurdo sindicalismo con las sombras
que hacen sagrada libertad
al odio y al rencor.