Día LXX

abcd

Poeta adicto al portal
Maldito tu vientre, guarda filones
y mis dedos hormigas son orugas lentas
que se caen, que se queman en tu piel.
Tan extasiada de vida estás,
tan profundo es tu magnetismo y tu gravedad.

Sádicas, taciturnas,
oleaje gigante de serpientes de agua imagino en tu cintura.
Me excitas, soy un pleamar de vos,
me hieres,
cólera, ira,
amor.

Las paredes de mi cuerpo tienen feroces batallas,
un rumor de tu voz y el mundo estalla,
se me separan las manos, los pies,
pierdo el control del sistema límbico,
empiezo a soñar despierto
y deliro,
me ato al labio febril,
soy vapor y fuego
y de hielo si no me tocas,
doy pasos a los costados
e invisiblemente me siento admirable a tu lado.

Sos hermosa como el más bello pleonasmo.

Lo que arde es el corazón del árbol,
se pierde todo un bosque por cada latido de amor no correspondido,
algo de eso es la poesía. ¿Lo entiendes?
No, el esplendor del ocaso
es siempre una boca celosa a punto de pronunciar un te quiero mi amigo.
Quien pliega el remolino usará un lenguaje excesivo y rebuscado
quien pretende ser un buhonero solo va a decir lo que tenga que decir con mentiras.

Ella es bella como un espejo de la luna,
en ella se reflejan seres irreales,
los feos son rechazados, los de elegancia mundana también,
los que cantan, los que callan, los que son todos yo,
en fin, cuando el espejo se empañe
vendrán solo mis labios a concluir el signo de tus miedos.

Y en efecto, y por defectos nuestras almas roídas se quieren,
se extrañan,
y juegan a no tolerar palabra alguna de nuestra unión como fantasmas tristes.
 

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