Día LXXV

abcd

Poeta adicto al portal
Saliste, abandonaste el agujero negro de no tener imaginación,
el cometa se autocorto el hilo,
tan lindas tus manos, cipreses sin tiempo.
Me miraste al salir, al huir, para poder entrar, esconderte en mi.
Ven, juega,
te quitaste los zapatos, te ves pequeña, ilusa, reina ojos de coliflor.
Rugiste y olvidaste.
Observaste toda la escena y fuiste un detalle de amor,
una ninfa de nirvana, un opúsculo de mi creación.

Tomaste los ojos que tanto te miraban,
te sacaste el corazón
y al desnudarme del adulto que me sostiene cuando deseo tu piel
te llevaste al niño, corriendo, durmiente.
Como un ángel que descubre el ula ula,
sin alas, jugaste con una pelota a sonreír,
al niño que soy no le soltaste la mano
te fuiste al extremo de los milagros
iba a amarte, pero amar duele,
es como una jaula, y aunque domesticar es efecto de júbilo,
la alegría del desorden es siempre mayor.

Perdí el yugo y la conciencia
tan bien me sentí a tu lado en esos diez minutos,
en esa media hora, en ese día que recordaste que me extrañas,
que me piensas, que dejaste el orgullo y los años a un costado.
 

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