abcd
Poeta adicto al portal
No eres tú quien me hace sentir triste,
yo si algo he hecho bien, es merecer tu olvido,
mi olvido, el olvido de todos.
Yo era un sol y mis rayos eran de tinta mágica, permanente,
siempre ardía, y dolía,
y hoy, hoy mis brazos no dan sombra, pero mis pies si.
Hay mucho polvo dentro de mis versos.
¡Oh, como no sangrar desprecio!
Es amarilla la sirena que deshuesa a la vaca,
hay gusanos, la vida son gusanos en la memoria,
y yo estoy triste independientemente de si existan los gusanos,
la sirena o la vaca.
Recuerdo la noche en que de polen era mi pulso,
se ahogaba el ocre de la vida en mis venas.
Tu formabas un campo de batalla con las manos
y yo perdía ilusiones y soldados;
penumbra, oro, cenizas y lirios eran nuestros ojos al tocarse.
Pero no estoy triste por perderte y perderme,
no,
son los vestidos y los sombreros que visten mi pecho,
los mismos que quemaron tus vestidos y tus sombreros.
Fue haber visto con claridad la vida desde tu ombligo.
El díscolo amor se enterneció, después se rascó un sueño,
destrozó de una cornada el mar de las caricias
y antes de ser niño otra vez se puso alegre por haber crecido sin manos ni pies.
yo si algo he hecho bien, es merecer tu olvido,
mi olvido, el olvido de todos.
Yo era un sol y mis rayos eran de tinta mágica, permanente,
siempre ardía, y dolía,
y hoy, hoy mis brazos no dan sombra, pero mis pies si.
Hay mucho polvo dentro de mis versos.
¡Oh, como no sangrar desprecio!
Es amarilla la sirena que deshuesa a la vaca,
hay gusanos, la vida son gusanos en la memoria,
y yo estoy triste independientemente de si existan los gusanos,
la sirena o la vaca.
Recuerdo la noche en que de polen era mi pulso,
se ahogaba el ocre de la vida en mis venas.
Tu formabas un campo de batalla con las manos
y yo perdía ilusiones y soldados;
penumbra, oro, cenizas y lirios eran nuestros ojos al tocarse.
Pero no estoy triste por perderte y perderme,
no,
son los vestidos y los sombreros que visten mi pecho,
los mismos que quemaron tus vestidos y tus sombreros.
Fue haber visto con claridad la vida desde tu ombligo.
El díscolo amor se enterneció, después se rascó un sueño,
destrozó de una cornada el mar de las caricias
y antes de ser niño otra vez se puso alegre por haber crecido sin manos ni pies.