Día XXXIV

abcd

Poeta adicto al portal
Estoy humano, insatisfecho como humano y solo, parado solo enfrentando al ruido invisible. El tiempo o la ejecución insustancial del destino viene lento, se mueve alrededor de mi asno cuerpo esperando la patada, mi animal respuesta a cualquier estimulo que no comprendo. Cuando el rayo de sol que peinaba mi emoción vertical número cuarenta y dos se movió en un grado; es que noté que había pasado mucho tiempo. Me doy vuelta y pienso: quizá todo lo que encuentro ya estuvo adentro mío. Vuelvo a mirar al frente. Parece que el tiempo desaparece, pero no hay sangre y estoy empezando a dejar de dar sombra. Caigo en el detalle de que mis manos buscan algo, reviso la mochila, el pantalón y nada. No se que tanto busco si no tengo reloj ni celular. El moverse, el creer que uno está haciendo algo adelanta al minutero. El tiempo siempre nos quiere ganar. ¿Qué hora será ahora? Es más: ¿Qué día sera hoy? Siempre es hoy -balbuceo- siempre es hoy. Hablo solo, empiezo a cantar. Canto bien, encanto mal. No puedo distraerme del todo, los ruidos invisibles se adhieren a mi sien. Necesito explotar, voy a explotar. Momento de infinita vaguedad, bajo la mirada, me quito la cabeza y la veo rodar por el asfalto, se va, no intentaré detenerla. Por acto mecánico mi mano derecha se extiende para detener el colectivo. Mi cuerpo va a subir, pero no se si esta vez mis ideas vendrán conmigo.
 

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