marquelo
Negrito villero
Siento el arrullo del mar
lo siento como una profecía que tiene asidero solo en los espejos.
luego
el faro alumbra
a manera de interruptor -ante la voracidad hambrienta de la ola-
el aparamiento feliz de los delfines que brincan siempre
sobre el colmillo depredador del viento invernal.
He visto al mar como a un sueño que no tiene palabras
y lo he visto
como al títere que infla y empuja su escupitajo
de espuma hacia la arena reseca de mis pies
formando un laberinto
indescifrable, cautivo, de última mirada.
luego
Me quemó el mar
cuando todos sus naufragios me frotaron la frente
y prendieron su sempiterna vela de triste anonimato
y nadie en las tabernas conjuró el mapa con licor
para llegar a ellos.
Tristes
volvían al estómago de los atléticos cardúmenes.
Ese mar poético pertenece a los que salieron de paseo
con sus brazos tatuados con ingenuos besos
en la búsqueda del pez-flor
que muere si no tienes la burbuja adecuada entre los dientes.
Cada uno piense de cómo sabe el mar entre el ojo y el estómago.
Cada mar es un universo que se expande sobre tu aliento
o que se abisma sobre tu espalda.
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