josealdebaran
Poeta fiel al portal
Apenas entiendo
el idioma castellano,
lengua materna de mis primeros balbuceos.
Quisiera parafrasear mi amor
en otra lengua,
exótica tal vez:
árabe, chino, sánscrito,
alemán, griego,
o —finalmente— hebreo.
Quiero, a través del arte mágico de la literatura,
usarte la poesía,
o al menos una parte intrínseca de ella;
transcribirte con agudeza,
con perspicacia e ingenio,
casi de manera directa,
un haz de palabras
que te guíen
a un mundo imaginario,
amiga mía.
Sumergirte en ritmos:
trocaico, dactílico;
ensayar contigo el yámbico,
el anapéstico
y hasta el antidáctilo.
Ligar mis censuras
como sinalefa, sinéresis y diéresis;
enredar tu criterio
en lo más absurdo de la poesía
y elevar tu espíritu
en una macro sinfonía.
Expresarte mi amor
con énfasis de sonoridad dialéctica:
anáforas,
repeticiones intrépidas,
aliteraciones,
rimas internas y finales
—aunque sufran de cacofonía—.
Jugar entre sílabas tónicas y átonas,
armar la sintaxis,
llenar tu corazón de retórica
con mi poesía.
Traslucir tu imagen —solo tuya—
en metáfora y alegoría;
símbolo y oxímoron,
antítesis que se reconcilia
en una clara sinonimia.
Esquematizar la esbeltez exquisita
de tu figura alta y fina:
polícroma pintura
de sol oscuro
y clara sombra
en tu fisonomía.
Tal vez mi trasfondo irónico
merezca censura,
pero no decolorará
el amor
de este loco y romántico corazón.
Surcaré en una frágil nave
de versos y poesía;
llegaré a ti
en el último viaje de mi cordura
y, quizá,
cautivaré
—inevitablemente—
a tu esquivo corazón.
el idioma castellano,
lengua materna de mis primeros balbuceos.
Quisiera parafrasear mi amor
en otra lengua,
exótica tal vez:
árabe, chino, sánscrito,
alemán, griego,
o —finalmente— hebreo.
Quiero, a través del arte mágico de la literatura,
usarte la poesía,
o al menos una parte intrínseca de ella;
transcribirte con agudeza,
con perspicacia e ingenio,
casi de manera directa,
un haz de palabras
que te guíen
a un mundo imaginario,
amiga mía.
Sumergirte en ritmos:
trocaico, dactílico;
ensayar contigo el yámbico,
el anapéstico
y hasta el antidáctilo.
Ligar mis censuras
como sinalefa, sinéresis y diéresis;
enredar tu criterio
en lo más absurdo de la poesía
y elevar tu espíritu
en una macro sinfonía.
Expresarte mi amor
con énfasis de sonoridad dialéctica:
anáforas,
repeticiones intrépidas,
aliteraciones,
rimas internas y finales
—aunque sufran de cacofonía—.
Jugar entre sílabas tónicas y átonas,
armar la sintaxis,
llenar tu corazón de retórica
con mi poesía.
Traslucir tu imagen —solo tuya—
en metáfora y alegoría;
símbolo y oxímoron,
antítesis que se reconcilia
en una clara sinonimia.
Esquematizar la esbeltez exquisita
de tu figura alta y fina:
polícroma pintura
de sol oscuro
y clara sombra
en tu fisonomía.
Tal vez mi trasfondo irónico
merezca censura,
pero no decolorará
el amor
de este loco y romántico corazón.
Surcaré en una frágil nave
de versos y poesía;
llegaré a ti
en el último viaje de mi cordura
y, quizá,
cautivaré
—inevitablemente—
a tu esquivo corazón.
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