—Habla, viento, y no te calles,
dime aquello que no entiendo:
¿por qué duele tanto el viaje
aunque sea yo quien lo invento?
—Porque el alma es como el agua,
porque sangras si te niegas,
porque el tiempo es solo un mapa
que se arruga cuando juegas.
Porque fuiste mar callado,
porque fuiste voz sin eco,
y aunque a veces has gritado,
fue tu miedo quien habló.
—¿Qué me queda si lo amado
se disuelve como espuma?
—Te queda el ser que has hallado
tras romper toda envoltura.
Mira: no hay mayor belleza
que dejar atrás la piel,
cuando el alma en su pureza
baila libre con el ser.
—¿Y el amor? ¿Y la memoria?
¿Y los ojos que me vieron?
—Todo cabe en la victoria
de aceptarse lo que fueron.
Ni se pierde ni se borra,
ni se hunde ni se disuelve:
se transforma y te recobra
cuando el ego ya no muerde.
—Entonces, si ya no tengo
más preguntas ni cadenas…
¿eres tú quien me sostiene
o soy yo quien ya me llena?
—Ambos somos, alma errante,
una danza sin final:
tú eres cuerpo, yo soy arte;
tú, semilla; yo, el umbral.
Tú te escribes, yo te leo;
tú te caes, yo te impulso;
tú te vas, yo siempre espero,
y al volver, te reconozco.
—¿Y ahora?
—Ahora escucha en el silencio
cómo el mundo se detiene.
Ya no hay tú, ni yo, ni tiempo:
eres todo lo que viene.
Somos viento, verso, mar,
tinta viva y movimiento.
Ya no hay más que caminar:
hemos nacido en el viento.
dime aquello que no entiendo:
¿por qué duele tanto el viaje
aunque sea yo quien lo invento?
—Porque el alma es como el agua,
porque sangras si te niegas,
porque el tiempo es solo un mapa
que se arruga cuando juegas.
Porque fuiste mar callado,
porque fuiste voz sin eco,
y aunque a veces has gritado,
fue tu miedo quien habló.
—¿Qué me queda si lo amado
se disuelve como espuma?
—Te queda el ser que has hallado
tras romper toda envoltura.
Mira: no hay mayor belleza
que dejar atrás la piel,
cuando el alma en su pureza
baila libre con el ser.
—¿Y el amor? ¿Y la memoria?
¿Y los ojos que me vieron?
—Todo cabe en la victoria
de aceptarse lo que fueron.
Ni se pierde ni se borra,
ni se hunde ni se disuelve:
se transforma y te recobra
cuando el ego ya no muerde.
—Entonces, si ya no tengo
más preguntas ni cadenas…
¿eres tú quien me sostiene
o soy yo quien ya me llena?
—Ambos somos, alma errante,
una danza sin final:
tú eres cuerpo, yo soy arte;
tú, semilla; yo, el umbral.
Tú te escribes, yo te leo;
tú te caes, yo te impulso;
tú te vas, yo siempre espero,
y al volver, te reconozco.
—¿Y ahora?
—Ahora escucha en el silencio
cómo el mundo se detiene.
Ya no hay tú, ni yo, ni tiempo:
eres todo lo que viene.
Somos viento, verso, mar,
tinta viva y movimiento.
Ya no hay más que caminar:
hemos nacido en el viento.