Diario de Claudia. 16/01/20

Lirae

Poeta que considera el portal su segunda casa
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No se que sentimiento es el que me impele a lanzarme a ese lago de aguas putrefactas, contaminadas, que ponen en riesgo mi vida.
No se, porque siempre tengo que huir de los presentes, porque se me desmaquillan sus rostros y siento que no soy una entre ellos.
Quizá es la desidia de los días.
Quizá es por esa libertad que tengo en los sueños, que me ignoro a mi misma y me lanzo a cualquier situación que me produzca dolor, que me encoja el alma de miedo . Al fin, no habiendo razones, ignorando el sentido, el destino no queda marcado en el mapa de mi existencia, a no ser por tus letras que yo guardo como diario de mis días sin luz.
De esas escapadas nocturnas que tu escribes y que son mi único contacto con la vida exterior.
Aunque sigo con mis anhelos de saber, de sumergirme en mis pocos libros, mi tesoro, el tesoro que guardo con celo.
Releer mis trocitos de poesías, escritas en hojas ya ajadas por el uso, aguas derramadas del alma de poetas considerados malditos antaño. Poetas que no entendieron de donde les venia la inspiración que cruenta les desgarraba las fibras. Que quizá nunca vieron la hermosura de sus obras, pues sus sentimientos y emociones fueron secuestrados por otros amores, o prejuicios ajenos que les llevaron a la ruina.

El agua me escuece en los ojos, me hiere la piel como si estuviera radiada, necesito con urgencias encontrar aguas limpias. Recorro pasillos, ciudades en forma de laberintos que a mi paso se cierran y oscurecen como boca de lobo. Yo solo quiero agua les suplico, agua limpia que me quite la mala jornada del día, que me ausente de este olor a muerte que me sepulta sin parar mi corazón. Siento que la piel se me cae a pedazos.
Se me niega el refrigerio que encuentro a mi paso, los rostros se burlan de mi aspecto y yo intento mantener mi dignidad.
Y así, con la carne hecha jirones me vuelvo a las calles oscuras y húmedas que me dan cobijo, que me refrescan aun con su miseria, que con su soledad, son mi único refugio.

Me despiertan las cuerdas cansadas del violín de Aitor. Y su voz de arena con la que intenta poner letras a unas notas tan fatigadas y rotas como las almas que en esta casa gris intentan sobre vivir.

Claudia y la casa gris.

SHA.
 

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