Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DIAS ASI
Lo que hoy trae el día es desenfado
idiosincrasia de morbo en las ventanas
estallidos de puertas y mondadientes
porque alista la brisa sus cisternas
obsede la pasión por lo mediocre,
cayendo van lomos de horizontes
que hasta ayer imaginaban altos oasis
de esperanzas.
Cae el libro, escribe la pereza,
llaman a la puerta y es don nadie,
vibran citófonos, venden idioteces.
Hoy no estoy, hoy me deshago huraño,
rotos hilos cosen la advertencia;
errátil rumor de un quiño verde
agujerea mi presteza de bolsillo.
2.
Días ácimos
con sed en las fronteras
termina el disco su devoción de giro,
tiende y pule las orillas donde el sol revienta
pocillos, sales y engrudos.
Penetra la carne,
endilga al viento,
se vierte cierto rumor de enfado porque aún no acaba
esa hiedra que embaldosa las miradas
y tasa en los charcos
un bramar de llantas fugándose.
Días así, todavía hay brisa,
hay techos despernancados,
hay agujas inoculando sangres,
hay ponzoñas, claveles, condones, prisas,
horarios implacables
que no acaban y causan ampollas,
pero brilla la esperanza
y alguna devoción acuclilla las rodillas
clavetea las manos en alguna cruz de inocencia.
Qué bueno no ser ese augurio oscuro o esa flama dantesca
martillando notas de una duración proclive al desencanto.
Al tenor de la espera la dignidad del que pervive sigue
comprando y guardando granos de ausencia
para cuando ya no esté, ni sea un estorbo para nadie.
Lo que hoy trae el día es desenfado
idiosincrasia de morbo en las ventanas
estallidos de puertas y mondadientes
porque alista la brisa sus cisternas
obsede la pasión por lo mediocre,
cayendo van lomos de horizontes
que hasta ayer imaginaban altos oasis
de esperanzas.
Cae el libro, escribe la pereza,
llaman a la puerta y es don nadie,
vibran citófonos, venden idioteces.
Hoy no estoy, hoy me deshago huraño,
rotos hilos cosen la advertencia;
errátil rumor de un quiño verde
agujerea mi presteza de bolsillo.
2.
Días ácimos
con sed en las fronteras
termina el disco su devoción de giro,
tiende y pule las orillas donde el sol revienta
pocillos, sales y engrudos.
Penetra la carne,
endilga al viento,
se vierte cierto rumor de enfado porque aún no acaba
esa hiedra que embaldosa las miradas
y tasa en los charcos
un bramar de llantas fugándose.
Días así, todavía hay brisa,
hay techos despernancados,
hay agujas inoculando sangres,
hay ponzoñas, claveles, condones, prisas,
horarios implacables
que no acaban y causan ampollas,
pero brilla la esperanza
y alguna devoción acuclilla las rodillas
clavetea las manos en alguna cruz de inocencia.
Qué bueno no ser ese augurio oscuro o esa flama dantesca
martillando notas de una duración proclive al desencanto.
Al tenor de la espera la dignidad del que pervive sigue
comprando y guardando granos de ausencia
para cuando ya no esté, ni sea un estorbo para nadie.
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