La luz y el frió
caen a raudales estas semanas.
Luces en cascadas,
blancas en la madrugada,
azul al medio día,
y naranjas las tardes pintadas.
El frío,
con agujas en la mañana,
a medio día se duerme entre los árboles
y a la noche como lanzas,
se clava en el pecho,
te abofetea la cara,
te aceleran los pies
y se esconde en las explanadas.
Son días de contrastes,
de vida,
de calma.
Son días de castilla
rozando la primavera.
Avivan la salvia verde,
la sangre roja,
la sonrisa en la cara.
Cubre los campos de escarcha
cada mañana
y los pies, en el recuerdo,
pisan la hierba
de cristales cuajada.
Hasta el anochecer contemplo
las sombras en mi ventana,
los ojos aprovechan toda su luz,
todos los matices del día
que cae lento
cernidos por el cristal,
atrapados en el cuarto
y en mi cuaderno grabados.
caen a raudales estas semanas.
Luces en cascadas,
blancas en la madrugada,
azul al medio día,
y naranjas las tardes pintadas.
El frío,
con agujas en la mañana,
a medio día se duerme entre los árboles
y a la noche como lanzas,
se clava en el pecho,
te abofetea la cara,
te aceleran los pies
y se esconde en las explanadas.
Son días de contrastes,
de vida,
de calma.
Son días de castilla
rozando la primavera.
Avivan la salvia verde,
la sangre roja,
la sonrisa en la cara.
Cubre los campos de escarcha
cada mañana
y los pies, en el recuerdo,
pisan la hierba
de cristales cuajada.
Hasta el anochecer contemplo
las sombras en mi ventana,
los ojos aprovechan toda su luz,
todos los matices del día
que cae lento
cernidos por el cristal,
atrapados en el cuarto
y en mi cuaderno grabados.