Susurra el frío en la calle,
esta vacía y silenciosa.
El cielo negro
se ha tragado a la luna,
como un dragón mágico
que recorriera esta noche
todos los tejados,
comiéndose las luces.
Los destellos amarillos
de algunas ventanas atrevidas,
dan un leve color
a las sombras grises,
que entre las cortinas vigilan.
Un leve ruido,
brota de la inactividad de la calle
se cuela por las rendijas de mi casa.
Y parece un silencio encantado
que deambula por las habitaciones.
El ronroneo de la gata
suena claro sobre mi vientre
acompañando mi paz
cuando el tiempo se marchan de casa.
En la música de las horas placidas
de los domingos que hay fútbol
me quedo, con mi libertad a cuestas,
observándola,
como si fuera una niña dormida
en la madrugada.
esta vacía y silenciosa.
El cielo negro
se ha tragado a la luna,
como un dragón mágico
que recorriera esta noche
todos los tejados,
comiéndose las luces.
Los destellos amarillos
de algunas ventanas atrevidas,
dan un leve color
a las sombras grises,
que entre las cortinas vigilan.
Un leve ruido,
brota de la inactividad de la calle
se cuela por las rendijas de mi casa.
Y parece un silencio encantado
que deambula por las habitaciones.
El ronroneo de la gata
suena claro sobre mi vientre
acompañando mi paz
cuando el tiempo se marchan de casa.
En la música de las horas placidas
de los domingos que hay fútbol
me quedo, con mi libertad a cuestas,
observándola,
como si fuera una niña dormida
en la madrugada.