Lírico.
Exp..
Días
Hay días que uno sabe,
que uno entiende y acepta y se lamenta
por su conocimiento
del tiempo
tocando cada cosa
hacia el destino trágico que infunde.
Hay días que el café
nos devuelve el sabor de esa noticia
amarga de la muerte
que alcanza poco a poco
los sueños con que hicimos
nuestra precaria casa de esperanza.
Hay días en que el frío
va dejando en la acera
los cuerpos ya sin vida de gorriones;
va asomando en los rostros
la amarillenta ausencia
de un mundo sepultado bajo olvido.
Hay días que anticipan,
como heraldos de un dios impertinente,
el precipicio estricto
por el que habrán de despeñarse todas
las muestras de un cariño
hecho jirones.
Hay días como golpes
de plomo por el pecho;
como tambores
que anuncian el desahucio
del hombre de este amor con que imagina
cada curva del tiempo;
cada hermoso accidente de su duelo.
Y es que en definitiva
hay días entre días
que miden nuestra luz obnubilada;
hay días reflejados
como un poco de luna
ahogada por las nubes de su angustia.
Hay días que uno sabe,
que uno entiende y acepta y se lamenta
por su conocimiento
del tiempo
tocando cada cosa
hacia el destino trágico que infunde.
Hay días que el café
nos devuelve el sabor de esa noticia
amarga de la muerte
que alcanza poco a poco
los sueños con que hicimos
nuestra precaria casa de esperanza.
Hay días en que el frío
va dejando en la acera
los cuerpos ya sin vida de gorriones;
va asomando en los rostros
la amarillenta ausencia
de un mundo sepultado bajo olvido.
Hay días que anticipan,
como heraldos de un dios impertinente,
el precipicio estricto
por el que habrán de despeñarse todas
las muestras de un cariño
hecho jirones.
Hay días como golpes
de plomo por el pecho;
como tambores
que anuncian el desahucio
del hombre de este amor con que imagina
cada curva del tiempo;
cada hermoso accidente de su duelo.
Y es que en definitiva
hay días entre días
que miden nuestra luz obnubilada;
hay días reflejados
como un poco de luna
ahogada por las nubes de su angustia.
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