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Que dibujabas en el silencio
la espada fulminante de tu boca
y dejabas sin razón
la pupila de mis ojos
haciendo del día
la mano que desabrocha el bretel
de tu historia pasional.
Que tus labios
eran del color del cielo y del infierno.
Que dibujabas en el silencio
la espada fulminante de tu boca
y dejabas sin razón
la pupila de mis ojos
haciendo del día
la mano que desabrocha el bretel
de tu historia pasional.
Que tus labios
eran del color del cielo y del infierno.